¿Quién teme al libro feroz?


De vuelta de FICOD, la Feria Internacional de Contenidos Digitales, donde se ha reservado un espacio a las ponencias y talleres relativos al libro digital, me disponía a escribir una entrada mucho más bonita que esta. Pero el cuerpo no me acompaña, lo siento. Me desmoraliza enormemente ver cómo tanta gente del gremio sigue empecinada en mantener un imposible y negar lo que ya es evidencia, estadística y cifras. No daré ninguna aquí. Hay muchas autoridades en la materia, muchos blogs dedicados a este tema, expertos respetables y gurús respetados, así que me limitaré a hablar desde mi modesta posición de usuario, o lector, persona que trata de ganarse la vida traduciendo y escritora en ciernes. No me gusta “lo digital”. No siento el menor placer en poseer el último gadget que tardo enormemente en aprender a manejar y acabo infrautilizando. Pero me es útil: me facilita la vida y el trabajo y me permite acceder a cosas (contenidos, ponencias, opiniones o relaciones profesionales y personales) a las que no tendría acceso sin el tinglado digital. Me gusta leer, y sin embargo, nunca compro el periódico. Ahora, desde el advenimiento de “lo digital”, estoy informada de casi todo. Me encantan los libros, pero no suelo olerlos. No me considero romántica pero sí un poco esteta, y un poco hedonista también. Dicho esto, creo poder afirmar con la autoridad suficiente que no soy fundamentalista ni de lo uno, ni de lo otro. Además, escribo. He intentado publicar. Me he resistido a caer en el modelo tradicional (y vilipendiado) de autopublicación al que ahora parecemos abocados los autores, como yo, desconocidos. He redactado dos novelas en mi casa, después de una jornada laboral y con dos niños pequeños, y me ha provocado urticaria el escuchar que tendría que colgarlas en Internet para que a lo mejor un día, en algún sitio, alguien las leyera, todo ello sin percibir un céntimo por mi esfuerzo ni disfrutar esa experiencia “tan poco literaria”, que dice Muñoz Molina (y no en sentido peyorativo, debo aclarar), de firmar tu libro a un lector. Vamos, creo que, con ligeras variantes, soy un ejemplo de la sensación que este cotarro está provocando en la media nacional (aunque por lo que parece, no en la internacional, donde el asunto se ve con toda la naturalidad que tiene). Me había alegrado, y había llegado a aceptar con deportividad y con gran satisfacción por mi parte (al descubrirme tan capaz y dispuesta a la adaptación al medio) al enterarme de que tal vez ese nuevo paradigma era la válvula de escape a mi situación. Así volví de Liber, el pasado septiembre. En el taller de Ediciona se planteó un cambio de escenario en el que me pareció ver la luz al final del túnel: el autor escribe (lógico), se autopublica, bien en soporte digital, bien en impresión bajo demanda (¿por qué no? Hasta Barnes & Noble están ofreciendo un servicio de este tipo, esto ya no es como antes), se autopromociona (bueno, como todos tenemos Facebook y Twitter, familiares y amigos… otro cambio de enfoque, bien, está a nuestro alcance: no hace falta una gran inversión, aunque sí cierto esfuerzo… ¿qué autor novel no lo haría?) y a esperar a que caiga el maná, que no será pronto, ni mucho, pero seguro que, al final, será. La cosa, como decían nuestros padres, es meter la cabeza. Bien. Pues hoy mi percepción es del todo diferente. ¿Por qué? Porque veo que sigue imperando la cerrazón. Porque los que tienen la sartén por el mango no se bajan del burro, porque no lo necesitan: ojo, no lo critico, están en su derecho. El Grupo Planeta, por ejemplo –se ha dicho esta tarde– no necesita apoyarse en el libro digital. El número de ejemplares que vende en papel multiplica por muchos enteros la cifra de libros en versión digital. De los dos libros que lee al año el español medio, uno es el ganador del Premio Planeta. Es decir, ellos tienen el 50% de este mercado, más las migajas del otro 50, así que no necesitan que hacer ningún esfuerzo. Ahora bien, yo les llevé mi novela, y la rechazaron. Mi novela no es mala. Se vendería bien, pero tal vez no sería un bestseller. O tal vez no está en su línea editorial, que es una frase que los escritores no publicados escuchamos mucho. Pero se vendería, estoy segura. El Grupo Planeta no me necesita a mí, está claro, pero el problema aumenta cuando bajo en la pirámide: las editoriales intermedias tampoco se la juegan. Ya no conmigo, con otros que seguramente son mejores que yo. Se quejan de que se publica demasiado, de que hay una sobresaturación del mercado. Nadie publica a nadie. Todos tienen miedo. Miedo a la piratería, miedo a invertir sin recuperar la inversión, miedo a no publicar un bestseller igual que el que ha hecho rico al de al lado. Ergo, no quieren publicar menos, no quieren hacer una criba que enaltezca el gremio, quieren forrarse. Y si nos vamos “al otro mundo”, la situación no es mucho más halagüeña: si pasando por la criba de un sello editorial, con línea editorial y editor de mesa, se publica más de la cuenta, qué no pasará en un sitio donde cualquiera cuelga sus trapos, perdonen mi cabreo. Hoy salí de allí con la sensación de que lo que viene es el reino de la mediocridad, y eso me ha dado miedo y tristeza. No la tristeza de perder un libro como lo conocemos ahora, en el que pueda pasar las páginas y gozar del tacto del papel, ni la tristeza de renunciar al placer de olerlo (placer que personalmente encuentro cuestionable, pero bueno). La tristeza de que lo que vaya a imperar, de seguir así las cosas y al menos a corto plazo, sean esos keitai shosetsu de que se hablaba el otro día Arcadi Espada en un esclarecedor artículo sobre el panorama imperante[i], y cuya existencia me parece totalmente respetable como género, pero no como única opción. La tristeza, y el miedo, de acabar siendo un lector-replicante, o un eloi de La máquina del tiempo. La tristeza de leer un libro sin calidad literaria, mal escrito, mal estructurado, plagado de lugares comunes, tal vez con errores tipográficos y faltas de ortografía, traducido por un aficionado y conseguido de forma ilícita porque supone muchas trabas conseguirlo legalmente. Parece que tenemos en la mano, o al alcance de ella, todos los instrumentos necesarios para que esto no suceda: podemos trabajar con calidad, con cierta rapidez, llegar al lector y al usuario con gran facilidad (desde el punto de vista técnico), pero la realidad, manifiesta siempre en todas las jornadas y ponencias de este cuño, es que nadie mueve ficha (o la mueven muy poquitín). En mi modesta opinión no especializada, todos y cada uno de ellos (y miro aquí a los grandes grupos editoriales y a las empresas que disponen de la tecnología necesaria) quieren ser el primero y el único, las dos cosas al tiempo, no se conforman sólo con una. Todos quieren encontrar la gallina de los huevos de oro. La tan manida diversidad es una falacia total. El afán de innovar, de apostar por autores desconocidos, de buscar algo diferente (algo que se le supone al editor como el valor al soldado) es una expresión ya vacía de sentido. Ya no hablamos de cultura, tal vez ni siquiera de ocio, o de entretenimiento: hablamos de productos. Y ahí, no puedo entrar, señores: yo sólo leo y escribo. Me recuerda esa escena, al final de Reservoir Dogs, donde se crea un círculo en el que todos se están apuntando unos a otros y nadie dispara, luego disparan todos a la vez y muere hasta el apuntador. ¿Irá a pasar eso?

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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19 respuestas a ¿Quién teme al libro feroz?

  1. Juanky dijo:

    Totalmente de acuerdo, seguiremos leyendo en papel. ¿Recuerdas la batalla vinilo contra cd? Esto suena parecido.

  2. Julia dijo:

    Buena y aterradora reflexión, Amelia. El otro día llegó a la lista de Acett, (me imagino que a ti también) un artículo de cómo veían el futuro de la edición los cerebros Silicon Valley, y de nuevo la autoedición en internet parecía la panacea y la única opción Y, sin embargo, aunque Internet tiene indudables ventajas como democratizadora de la cultura, también se comporta en ocasiones como una apisonadora. No sé yo, pero tu comparación con la escena de Reservoir Dogs me ha parecido de lo más oportuna.
    Saludos.

    • Julia, muchas gracias por tu visita y por tu aportación. Doy siempre un gran valor a la opinión de los compañeros de profesión, pero una visita que además sea solo “por gusto”, compensa todos los esfuerzos. Espero verte por aquí.

  3. David Soler dijo:

    Yo seguí lo que se decía en la mesa de ayer en la que estaba Badenes y presté atención a lo que dijo. Te diré lo que le pasa: no entiende nada. Y lo digo con todo el respeto del mundo. No sabe ni lo que es Internet, ni para lo que sirve, ni entiende a los consumidores (o nuevos consumidores), ni el paradigma, ni na’ de na’. Hace unos meses, creo que fue Seth Godin o alguno de esos megagurues, leí un artículo que decía que todos los CEO de las editoriales tenían que ser despedidos porque ell@s eran el freno de sus empresas. ¿Por que? porque cometían los mismos errores de los de la música de hace años: el mercado es muy pequeño, aquí no pasará nada, esto es otra cosa y vamos a hacer lobby para cerrar las webs. Y eso es no entender nada.

    Me sorprende que un CEO o cualquier responsable de una editorial sea capaz de dedicar parte de su tiempo a pasearse por librerías y puntos de ventas (lo que en marketing llamamos store-check) y no lo hagan lo mismo con Internet. Eso demuestra como lo ven.

    Así las cosas ya estoy seguro que ni tu ni ningún otro autor podéis esperar mucho de los editores actuales. ¿Donde acabará esto? pues no lo sé… será cuestión de ver cuanta gente está dispuesta a piratear y compartir contenidos. Pero, como todo en Internet, cuando empiece será exponencial.

    Y me he ido de foco, creo.. sorry. Vuelvo. En mi humilde opinión en el futuro convivirán los dos soportes: a quien le guste libro se comprará libros y el que quiera ebooks o leer en la nube pues lo hará también. Y, por supuesto, habrá un montón de “pirateo”… esto será así nos guste o no. La gracia del asunto está en encontrar cada uno su papel y su valor en el “nuevo negocio”. Yo creo que tu, y otros escritores, perfectamente podréis vender directamente a vuestros lectores desde vuestra web o desde una tienda online y no pasará nada de nada.

    • David, tus opiniones, tus palabras, tu simple paso por aquí es todo un honor y una ocasión impagable de aprendizaje para mí y para quienes han decidido leerme. Yo debo mucho de mi cambio de actitud en esta materia a tu filosofía y a tus consejos, y trato de ponerlos en práctica en lo que está a mi alcance. Incluso “desenfocadas” tus ideas son siempre bienvenidas. Muchas gracias por compartirlas.

  4. jesús ortiz dijo:

    hablando de la situación presente de los libros ¡qué difícil es acotar la discusión en componentes parciales! con seguridad las editoriales están, estamos, dejando de cumplir con lo que podría esperarse: porque no lo necesitan, porque no saben, porque no pueden… o por las tres cosas juntas. Creo que cambian demasiadas cosas al tiempo como para entenderlas bien. ¿Libros del papel a las pantallas? Si, claro. Pero me parece que buena parte del cambio a pantalla esconde un cambio de leer “libros” a leer otras unidades de información (artículos, entradas de blog, titulares, comentarios sueltos…) y que este cambio hace muy difícil para un editor identificar a sus lectores, y hasta saber si sus lectores pueden ser compradores, y qué productos pueden comprar. Aunque empleen tiempo en pasearse por internet, David.
    Por lo demás, Amelia acierta con más de un clavo, como acostumbra. Me quedo con uno nada más: incluso quienes padecemos la parafilia de los libros impresos sobre papel oímos con desconfianza tantos elogios a su olor. La mayor parte de los libros huele a tinta. Y casi toda la tinta se hace con petróleo. Es decir, con seres que dejaron de vivir hace mucho. Que sus restos nos son muy útiles es claro, pero que huelan bien es otra cosa.

    • Gracias por tu aportación, Jesús, doblemente valiosa por tu punto de vista de lector y de editor. Estoy de acuerdo contigo en que el cambio no es, simplemente, un paso de soporte, creo que todos estamos (o deberíamos estar) ya en eso. Seguramente ahí radica la dificultad del asunto: se pierden las fronteras que separan los papeles de los agentes tradicionales, y todos somos un poco de todo. O lo seremos durante la transición, hasta que la nueva situación se asiente y vuelva a exigir un alto grado de especialización en cada ámbito (escribir, corregir, diseñar, integrar todos los soportes y, naturalmente, difundir). Pero no soy buena haciendo prospecciones de mercado, así que lo dejaré aquí. Un abrazo.

  5. bydiox dijo:

    Mi opinión va en la línea de la de David Soler, creo que ambos soportes van a convivir en el tiempo. Probablemente los autores desconocidos tengan más posibilidades en el combo digital + impresión bajo demanda y si empiezan a despuntar llegar a acuerdos con alguna editorial grande para que llegue a los grandes puntos de venta.

    Yo he dejado de leer (casi) en papel. Y no me siento para nada culpable si para ello tengo que recurrir a las artes oscuras de Internet. Ojalá no tuviera que hacerlo, ojalá todos los contenidos estuvieran en Amazon o en la ibookstore y pudiera con un clic comprar a precio razonable. Pero a día de hoy eso aún no es posible (por desgracia).

    • Bydiox, bienvenido a De libros y de hojas, un blog que quiere leer y escribir en el soporte que sea. Verdaderamente, que podamos elegir qué leemos y dónde leemos es algo muy grande. No soy tan optimista como para pensar, como tú haces, que un autor desconocido tenga aquí más posibilidades que en el mundo analógico (espero no haber entendido mal tu postura) pero, evidentemente, lo que se impone es aprovechar los recursos de que ahora disponemos, no negar la evidencia y navegar con el signo de los tiempos. Un abrazo.

  6. Hola Amelia, excelente post y supongo que reflejas parte del sentimiento de los usuarios cuando van a estos foros. Lamentablemente aún no hemos sabido ponerlos en primer lugar en nuestra lista de prioridades digitales. Las editoriales estamos tan obsesionados con el modelo de negocio que nos olvidamos que editamos para que los lectores nos lean. Aún así siempre es positivo que hayan estos eventos pues aunque sea a pequeños pasos a fuerza de repetir lo mismo seguro que avanzaremos.

    • Gracias Silvano. Reflejo el sentimiento de los usuarios y el de los autores, o trato de hacerlo: sobre todo de los autores inéditos. Sigo sin ver clara la ventaja, para alguien completamente desconocido, de publicar en un medio en el que todos tienen las mismas posibilidades. Me sigue pareciendo que el papel de filtro ejercido por una editorial reconocida es vital para impulsar la carrera de un escritor, más áun al principio. Ahora, la realidad -y eso es lo que verdaderamente me subleva- es que en la actualidad se hace poco en este sentido: los grandes quieren más de lo mismo, que es lo mismo que ofrece el de la puerta de al lado. Los pequeños (comprensible, porque sus recursos son más limitados) se centran en libros de culto, la mayoría de autores de otras épocas, redescubrimientos, recuperaciones, tal vez en un intento de ser el contrapunto a “lo nuevo” con lo clásico o antiguo y al mainstream, o al bestseller, con obras minoritarias. Me da la impresión de que pocos editores buscan algo distinto, quieren seguir la estela de otro y con eso ya es suficiente. Más madera, Más opio para el pueblo. Y eso sí que me asusta, el atocinamiento y la uniformidad: me asustan mucho porque las nuevas generaciones de lectores están creciendo así. En fin, un abrazo.

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  8. BiblioEteca dijo:

    Hola Amelia,

    Coincido al 100% con tu opinión, yo también estuve en esa mesa ¿redonda? donde, curiosamente, llevaron a la directora de Libranda para, con promesas vanas, intentar decir que ellos también venden libro digital pero lo que pasa es que no hay demanda… Triste, pero cierto, montar este circo para intentar seguir dando de comer a los mismos de siempre.

    En cualquier caso, ¿Qué has hecho con tus novelas? ¿quieres publicarlas en digital? Mándanos un mail y te enviamos una invitación para publicar en nuestra plataforma sin ningún compromismo, exclusividad, ni cesión de derechos por medio.

    SALUDOS

  9. Nuria dijo:

    Hola Amelia

    Me ha encantado tu reflexión. Dirijo Iguazú. Revista artesanal de Literatura y Cultura (una publicación en papel gratuita y sin publicidad, y a pesar de ello con 1.800 ejemplares de tirada y 80 páginas en color) y me encantaría publicarlo en el número que está a punto de salir. ¿Me podrías enviar un mail (o DM a @editora) para concretar los detalles?

    Además de eso, también me dedico a leer mucho por internet buscando nuevos talentos para la editorial que quizás montaré algún día… (cuando pueda dejar de chocarme contra las esquinas del trabajo oficial y del tiempo). Una vez incluso publiqué la que fue la primera antología de blogs en España y di más de un susto a las autoras cuando recibieron mi mail diciéndoles que había leído su blog y les quería publicar (alguna pensó que era una broma). Quiero decir con esto, que sí, que nunca se sabe, que lo mismo un día alguien te envía un mail pidiéndote los derechos de esas novelas que tal y como lo cuentas estoy segura que sí, que se venderán 🙂

    • David Soler dijo:

      Amiga Núria (@editora) puedo preguntarte como haces para financiar una revista sin anuncios y una tirada de 1.800 ejemplares. Perdona si la pregunta es indiscreta o tonta. En cualquier de los dos casos entenderé que no respondas.
      ¡Cuanto me queda por aprender aún!

  10. Nuria dijo:

    Hola David

    La pregunta no tiene nada de tonta ni de indiscreta… si no recuerdo mal diría que te “asalté” en el Liber y te di un ejemplar… ahí en la contraportada, verás que está el logotipo de la Universidad del País Vasco, que son los que financian la impresión (yo no veo dinero, en realidad, la imprenta les factura a ellos). Como el gasto más caro queda cubierto por la subvención de la universidad, me puedo permitir el resto del gasto por amor al arte. Lo peor es la distribución, de ahí mi “nick” de “editora con carrito”, porque me veo obligada a repartir la revista yo misma entre librerías y demás, carrito en mano… Así y todo estoy contenta, porque son ya 14 años de revista (y 10 de subvención puntual para sacar dos números al año) y con carrito he conseguido llevarla a Nicaragua, México, Argentina, Bolivia, Perú…

    En algún momento ha habido gente (librerías y editoriales, sobre todo) interesadas en poner anuncios, pero yo considero que Iguazú está más cerca de ser un pequeño librito que una revista, por lo que sería inconcebible y contrario a su esencia incluir anuncios, como lo es ahora mismo incluir publicidad en un libro. Quizás algún día le ponga precio, no lo descarto, de momento tenemos el pequeño experimento de dejarla a 1 euro en ciertas librerías, más que nada para que no se agote tan rápidamente que los que de verdad están interesados se quedan sin ella (que es el riesgo de que sea gratuita).

    En fin, menudo rollo te he soltado, la verdad es que yo aprendo muchísimo de ti cada día…

    pd: David, es un detalle poner “Núria” con la ortografía catalana, pero como en realidad soy vasca, “no cal” (no hace falta) como dicen los catalanes… (y yo vivo repartida entre el País Vasco, Cataluña y Soria).

  11. David Soler dijo:

    Sí, me acuerdo perfectamente pero, sinceramente, no me acordaba del logotipo de la Uni. Es cierto. Vale, gracias. Lo que está claro es que es impresionante lo que haces, lo que has hecho y lo que has conseguido. Yo, sinceramente, no hubiera podido hacerlo nunca.
    Así que cosas como ésta son las que te hacen darte cuenta la cantidad de gente increíble que hay en el mundo. Estoy alucinado, la verdad.
    Y nosotros idolatrando a los FF y a Brad Pitt… en fin. Así nos va.

    Elimino el acento (ahora que está tan de moda cargarse los acentos)

  12. Saludos a todos. Ha sido agradable pero al mismo tiempo un poco desalentador leer el artículo y los comentarios que han publicado. Comparto la enorme preocupación de Amelia sobre el espacio y las posibilidades reales que tiene un escritor desconocido de llegar a publicar algún día y la pregunta es la siguiente: Si nadie quiere arriesgar, si se publican casi exclusivamente autores conocidos o best-sellers ¿Cúal es el camino que le queda al escritor novel? ¿Cómo descubren las editoriales un nuevo talento que no llegue por las vías tradicionales? Honestamente la oferta de la autopublicación digital actualmente no es muy prometedora por el problema de la calidad. Si uno revisa lo que se publica en las páginas de editoriales online gratuitas como Bubok, encuentra que la mayoría de los trabajos son escritos por aficionados que encuentran en la escritura un pasatiempo intermitente y poco más. En pocas palabras, si hay un libro bueno de verdad se pierde en la maraña de mediocridad y el resultado es que nadie lo lee. Muy pocas personas respetan las autopublicaciones y en general el público no toma muy en serio este tipo de páginas precisamente por el tema de la calidad. La mayoría de los que visitan Bubok y las demás editoriales son las mismas personas que van a publicar sus libros y revisan ocasionalmente que han colgado por ahí. Es como si de algún modo la editorial legitimara el libro y certificara que es lo suficientemente bueno para ser publicado. No creo que esto sea cierto en todos los casos y seguramente hay grandes escritores esperando a ser descubiertos, pero en general los trabajos que se publican digitalmente sin ningún tipo de control dejan mucho que desear. Es igual a entrar a MySpace e intentar escuchar buena música.
    Entonces ¿Qué nos queda?

    Muchas gracias por compartir esta información y saludos a todos nuevamente

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