Punto y seguido


2010 no fue bueno ni malo, o fue ambas cosas quizás a partes iguales. Pero siempre será el año en que nació De libros y de hojas. Publiqué una traducción importante, recibí otro encargo que acabo de terminar y quise, antes de finalizar el año, empezar la próxima. Lo mismo es fetichismo, pero algo me impulsa a crear una corriente continua entre un año y otro, sólo para no olvidar nada: ni lo bueno, ni lo malo. Como todos, espero que lo malo no vuelva a repetirse (aunque en el fondo de mi ser sé que lo hará, en otros formatos) y que lo bueno se prolongue. Creo que hay una tradición italiana, corregidme los enterados si yerro, que dice que el último día del año hay que tirar por la ventana aquello de lo que quieres deshacerte, bien “en persona”, bien de manera simbólica. Pues tal vez tire un par de cosas, ya veré. Soy del tipo supersticioso moderado, lo cual es un oxímoron imperdonable. Comencé 2010 con cierto desánimo y lo cierro con cierta esperanza: tal como están las cosas, lo mismo esto ya es un logro inmenso. Carlota creció más de diez centímetros. Josete dejó de entrar a mi vestidor a coger mis camisetas y empezó a dejar las suyas, casi una por semana, siempre con un “es que esta ya no me sirve”. Perdí a un amigo y a un familiar víctimas de sendas enfermedades implacables que me hacen cuestionarme el sentido de la vida, la utilidad de la ciencia y la existencia del libre albedrío. Recuperé una pasión olvidada, pero volvió descolorida. Fui en busca de alguien a quien creía perdido y lo encontré, pero ya no era aquél a quien yo había conocido (sin embargo, al tener noticia del hecho, hubo quien me dijo: “derribarías la muralla china si hiciera falta; la volverías a construir si te lo propusieras” y eso no es desdeñable). Alguien a quien pensé que no importaba me dio una lección de entrega, de generosidad y, en definitiva, de amor sin límites. Hubo quien me decepcionó, conocí nuevos amigos y nuevos colegas, deshice entuertos y malentendidos. Regalé a mi hija el ordenador viejo y mi antigua cámara de fotos a mi hijo, con lo que siento que, en cierto modo, he pasado un testigo. Soy un poco más pobre, pero no más sabia. Volví a sentir dolor donde creía que ya sólo había callo. Viví la experiencia de ser, por primera vez, la madre que consuela del primer fracaso adulto, y no fue fácil: ni siquiera sé, a estas alturas, si mi aportación ha servido para algo. Me he sentido querida. He cometido errores. He aprendido cosas. No he llegado a conocerme mejor. En resumidas cuentas, lo que viene siendo vivir. Os deseo a todos lo que pido cada noche para mí, después de agradecer el día que termina y lo que espero cada mañana con el día que se abre: tener valor para continuar, seguir luchando en el mejor de los sentidos e inventar algo para que valga la pena. Ah, una cosa más: no me pidáis que deje de cantar boleros; eso sí que no puedo prometerlo.

J©SeTe

Estas son las lecturas con las que pasaré este ecuador. Tienen un hilo conductor: son libros escritos, editados, traducidos o regalados por amigos. Novelas, relatos, poemas y ensayos. No están todos los que son: no es posible. Feliz año nuevo, amigos lectores. Felices lecturas.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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3 respuestas a Punto y seguido

  1. María José de Acuña dijo:

    Gracias por recordarme que de vez en cuando hay que parar a escuchar los sonidos de la vida y a ver los colores matizados que nos trae el día a día.
    Tras leer el post me siento, además, afortunada porque sé me cuentas entre los que han estado cerquita tuya en este 2010, sobre todo en el último trimestre.
    Un beso muy fuerte desde el húmedo Aljarafe sevillano donde despediré el año.

    • Qué alegría, María José. Claro que te cuento, cómo no iba a contarte. Yo me alegro de que te hayas encontrado entre ellos, porque sois unos cuantos, y sois de verdad. Sobre todo el último trimestre ha sido la cosecha de una larga siembra. No conozco Sevilla, ¿te lo puedes creer? Pero es la maravilla de esta historia, me “enlazas” desde el Aljarafe y es un poco como estar allí. Un beso también para tí. Tira por la ventana las cosas peores, como hacen los napolitanos (dato contrastado por Paula Caballero) y abre bien para que entre lo bueno que sin duda nos traerán los próximos tiempos, aunque tengamos que desbrozar un poco para encontrarlo. Disfruta tu fin de año.

  2. lola dijo:

    Sigo leyendo tus palabras cargadas de sentido, estos libros y estas hojas son un regalo. Un amigo muy sabio me escribe desde Buenos Aires que ha empezado el año escuchando qué nos traerá este 2011, y respondiendo dentro con una pregunta: ¿Se refieren a ser o a tener? Veo que tu ir y venir por la vida en 2010 apunta a lo primero. Te escribo desde Sevilla y con la mente en el otro país, como llamo a Italia. No tires nunca la esperanza de conocer esta tierra. Mª José sabe que sueño con un Futuro femenino de los libros, en la primavera, que ella te cuente. Feliz año con Hojas y Libros siempre nuevos, con la novedad como descubrimiento, valor seguro.

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