Ante la estulticia


Los momentos de recapitulación y buenos propósitos siempre son delicados. Cuando son privados suelen tener un efecto catártico que acaba por ser beneficioso aunque no se cumplan: eso de tachar en la lista lo que ya hemos hecho y remarcar lo que queda por hacer nos conduce a una sensación de autocomplacencia que nos impulsa, a su vez, a elaborar otra lista, aún más diabólica –la de propósitos para la nueva etapa– en virtud de la cual el que no se levanta del sofá ni para apagar la tele se apunta a un gimnasio, el que no ha probado el repollo en su vida se pone a dieta y el que nunca hizo caso del inglés en el instituto se inscribe en una academia de idiomas. Está comprobado que todos estos intentos fracasan al cabo de, como mucho, un par de meses, pero da lo mismo. Es lo que toca, y Vicente va donde va la gente. Hoy leía un artículo de Rafa Reig que pone el dedo en la llaga: en “La parábola del lector” (ABCD) empieza con una crítica adecuadamente despiadada de las listas de “los más de lo más” y acaba llevándose el gato a las aguas de la literatura, o del hábito de leer (en línea con esto os recomiendo también la lectura del artículo de Valentí Puig en La Vanguardia, “La crítica vale”). Así es la cosa: si el 1 de diciembre aún no has puesto el árbol de Navidad, eres un rancio; si celebras Reyes y no Papá Noel, eres un antiguo. Si quieres pertenecer al selecto club de los Vicentes (y pido perdón a los amigos que se llaman Vicente y no son Vicentes) tienes que hacer lo que mandan los cánones. Me recuerda una ocasión, corría el año 89, en que un tipo me enmendó la plana en el trabajo por estar leyendo No digas que fue un sueño de Terenci Moix. Como no era del tipo que fuera a cuestionar la calidad literaria de mi elección, me temí lo peor; al preguntarle qué tenía en contra del libro me respondió con desprecio: “Bah, nada, que está pasado de moda”. Pues eso. Lo peor es la extensión que ha llegado a adquirir este sentimiento y lo descarados que se han vuelto todos los compañeros de trabajo del mundo a la hora de dar su discurso de ingreso en la Academia. Si un libro está en la lista de los diez más vendidos y tú lo estás leyendo, eres parte del club aunque firmes poniendo la huella dactilar. Si no, olvídate. Así que, como la mayoría de vosotros ya sabe de lo que hablo, seguiré por el otro lado. Hoy una de las noticias del día pretendía alertarnos contra los peligros de las dietas milagro. Igual que después del 1 de diciembre, cuando todo el club tenía el árbol de Navidad puesto, se dedicaron a contarnos qué menú debíamos poner y cuánto iba a costarnos de media, para seguir con más medias sobre el gasto nacional per cápita en lotería, el gasto nacional per cápita en regalos navideños, el regalo más demandado, qué te tienes que poner el día de fin de año para no ser condenado al más oscuro ostracismo social… pues hoy toca la dieta. Los españoles han engordado una media de dos kilos (per cápita): es decir, aquel de vosotros que no se haya forrado a turrón es un inadaptado, que lo sepáis. Ya no es nada cool lo de pregonar a los cuatro vientos que la Navidad no nos gusta: o la celebras por todo lo alto o, en todo caso, te declaras abierto defensor del cambio de año, porque se presta más a los mantras y predispone la apertura de chakras, aunque el que lo dice no sepa ni qué significan estas palabras. Ah, este año no será necesario incluir en la lista de buenos propósitos lo de dejar de fumar: ya nos lo facilitan desde el Ministerio. Pero Spain is different, y aunque en Italia, Irlanda, Portugal y todos los países que nos hinchamos a decir que están más atrasados que nosotros la ley se ha implantado sin ningún efecto colateral, aquí nos declaramos insumisos. No entro en la diatriba de si es justo o no, o si me niego a morir de cáncer de pulmón por culpa del cigarrillo del señor de al lado o a sentirme, como fumador, como si fuera un apestado. Entro en la diatriba de la estulticia, de la maldita estulticia: estamos deseando ser todos grises como personajes de 1984, estamos propiciando entre todos una situación en la que pedimos a gritos que el Gran Hermano nos vigile y luego nos ponemos exquisitos en cosas https://i1.wp.com/forcolaediciones.com/wordpress/wp-content/uploads/2010/05/filosofo_ign.jpgcomo esta. No entiendo nada. Y mira que trato, cuando escribo las entradas, de hacer caso al maestro Machado y que manen de manantial sereno. Pero a veces es muy difícil, así que me repetiré. Lean a Rafa Reig. Lean a Valentí Puig. Pero sobre todo, ante la estulticia y antes de recurrir al Prozac, lean a Voltaire: hay una edición de El filósofo ignorante en Fórcola que no es novedad, sino fondo; no es Librino, pero es manejable, chiquitita y fácil de llevar; con una cubierta de un tono azul precioso y un papel que da gusto recorrer, prólogo de Fernando Savater y traducción de Mauro Armiño. Tengan la valentía de ir al trabajo con este libro en papel aunque los Reyes les hayan traído un e-reader o, en el peor de los casos, si se cuentan entre los desgraciados que aún –¡aún! ¿aún?– no tienen un lector digital. Y si alguien les dice que es un autor pasado de moda pues… qué sé yo: respondan algo políticamente incorrecto, que buena falta le hace a la humanidad. Así nos vamos ejercitando para recuperar nuestra condición de individuos.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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13 respuestas a Ante la estulticia

  1. David Soler dijo:

    “Así nos vamos ejercitando para recuperar nuestra condición de individuos” Genial!

    Que buen post… ya no se escriben post como este. Yo por lo menos no soy capaz y mira que me gustaría. Por primera vez he sentido envidia sana (siempre he defendí que no existía la envidia sana).

    • Jaja… yo siempre defendí que la envidia es el único pecado que no da ningún gusto al cuerpo. Y creo que sí que existe la envidia sana. Seguro que si se lo dices al médico la dividen en vírica y bacteriana, como hacen ellos con todo. La envidia sana (o lo que conocemos como tal) nos hace desear lo mejor a la persona envidiada y también para nosotros mismos, alegrarnos de sus logros y luchar por los nuestros porque vemos que podemos hacerlo: no puede ser más sana, entonces. Un abrazo, David.

  2. María José de Acuña dijo:

    Totalmente de acuerdo con David, por el subrayado de la frase final y porque se echan en falta entradas de este nivel.
    Amelia, te queremos.

    • Bueno, estáis hechos todo un club de fans… aunque conociéndoos sé que no son halagos vanos, con lo que me seguís poniendo difícil lo de mantener el nivel. Muchas gracias, de verdad, a los dos. María José: también recuerdo alguna intervención de Ignacio Echevarría muy acertada en este sentido, respecto del Congreso de Jóvenes Escritores Iberoamericanos que se celebró en Madrid en junio pasado. Sí: otro personaje para el teatrillo de JJ. Seguro que le gusta. Un abrazo.

  3. María José de Acuña dijo:

    Ah, y gracias por recomendar el artículo de Valentí Puig en La Vanguardia, me ha hecho recordar dos cosas:
    1) La intervención de Manuel Rguez. Rivero en el Seminario de El Escorial al que también fue invitado David. ¿Te acuerdas de cuando dijo que, en su opinión, existía una relación incestuosa entre el crítico, los medios y la editorial, entre otras lindezas? Conservo todos los tweets de aquel evento. Me encantaría saber qué añadiría a lo expuesto por Puig refiriéndose a los críticos.
    2) Que hay que avisar a nuestro querido JJ de que, además del editor-churrero, el librero-pipero y el distribuidor-croqueta, está el crítico-microondas.

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  5. Amelia, no hay coincidencias, sino confluencias: me has recordado también un día de la primavera del 89, cuando mi elección lectora fue El sueño de Alejandría, del añorado Terenci Moix. He disfrutado, de nuevo, con tu fina ironía, con tu lucidez y con tu afán de lucha contra y resistencia frente a la estulticia, aurea mediocritas que se ha instalado en este estúpido pueblo español; del país ya no espero nada; lucho, en cambio, por las personas. Necesitamos desmitificadores como tú y como Voltaire. Gracias por tu mención, todo un detalle. Abrazos

    • Gracias por tus palabras, Javier. Las coincidencias/confluencias son inevitables, pero siempre curiosas en este microcosmos donde nos movemos entre palabras, hojas y libros. No sé si merezco estar en la misma frase que Voltaire, compartiendo adjetivo, pero es todo un honor que aprecio enormemente. No podía dejar de citar a Fórcola; como dice Margarita en su comentario: “filosofía portátil, accesible y asequible”: es toda una iniciativa contra la estulticia y el esnobismo absurdo que nos rodea.

  6. Margarita Sañudo dijo:

    Empiezas el año muy en forma, Amelia. Keep at it! Respecto al Voltaire que publica Fórcola: filosofía portátil, accesible y asequible. Edición cuidada y buen diseño. Un libro de los que alimentan el cerebro sin desbaratar el presupuesto. Una prueba sólida de la resistencia que preconiza Javier Jiménez, en homenaje a Jorge Herralde, en un decálogo de lectura imprescindible: http://bit.ly/iftcvW.
    Abrazos.

    • Gracias, Margarita. Si no estoy en forma al empezar el año, imagínate… Veo que he olvidado mencionar al diseñador del libro, de la colección, y de la imagen de Fórcola, Silvano Gozzer. Así que aprovecho para comentarlo aquí aunque en la web de la editorial se puede leer, en palabras del propio Silvano, cómo ha abordado este proyecto, y él lo explica mejor que yo. Un abrazo.

  7. lola dijo:

    Preparando mi trabajo para la Tertulia literaria Sevilla se lee, encuentro tus aportaciones y no me queda más que darte las gracias: Me has resuelto la semana y más… El que busca halla, pero dar con un filón tan adecuado para mis gustos y necesidades no es fácil. No son halagos sino un sencillo y justo reconocimiento a tu trabajo y talento. Me nutro de los críticos que son sobre todo buenos lectores. (Aunque hablar de lo bueno y de lo malo en el arte o en las humanidades parezca una simpleza, la estulticia está por doquier… y es necesario detectarla y señalarla con el dedo. Además, así de simple me han vuelto los años.) Gracias también a todos los que te rodean y me rodean.

    • Bueno, Lola, apenas termino de leer un comentario tuyo cuando reapareces. Es un honor contar con una lectora como tú. Gracias por todo lo que dices, porque sirve de empujón cuando acecha el desánimo. Quería decirte también, en línea con tu otro comentario, que me alegro que hayas utilizado la expresión “Literatura en femenino”, que siempre es controvertida. Yo personalmente me alegro de que exista, si se utiliza con afán integrador y no discriminatorio. Así que ya ves que tenemos más cosas en común. Un abrazo.

  8. Pingback: Catulo y los (no tan nuevos) modelos de negocio del libro

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