“Todo se desarrolló en media jornada… y nada de autopsia”


En los últimos tiempos se ha impuesto un uso de indudable valor práctico y económico que consiste en acompañar los regalos de un cheque fantasma, en el que no se indica la cantidad, para que el agasajado pueda cambiarlo por otro si no le sirve, si ya lo tiene o si, aunque no lo diga, no es de su agrado. Como todas esas cosas tienen su cara y su cruz, ese trasfondo utilitario da lugar, sobre todo si se trata de niños, a que uno no se habitúe a valorar o agradecer lo que recibe de otro. Como todo es discutible, habrá quien me rebata el argumento diciendo que todos tenemos estanterías (o cajones, mejor, que los ocultan) llenos de regalos de dudoso gusto, que nos han hecho por puro compromiso y que, al contrario de nuestros objetos más preciados, rebotan al caer al suelo en vez de romperse como deberían, quitándonos un peso de encima.

Hace unas semanas, con motivo de una reunión de colegas, un amigo común nos sorprendió con un hermoso regalo: había escogido cuatro libros distintos y, como sabía que nos íbamos a ver en Tipos Infames una tarde, pidió a los muchachos de la librería que nos los entregaran, metidos cada uno en su correspondiente bolsa de tela primorosamente confeccionada y todas distintas, también. “Si no os gustan, los podéis cambiar entre vosotras”. La negativa fue unánime. Parece ser que las cuatro pertenecemos a esa generación que acepta los regalos sin cuestionarlos, por urbanidad y por algo más importante: si rechazo algo que no me viene impuesto, sino dado, estoy negándome la posibilidad de descubrir algo que desconozco. De modo que me fui a casa con un librito de Leonardo Sciascia, las Actas relativas a la muerte de Raymond Roussel, metido en una bolsita preciosa, y así llegué a conocer a un autor al que no había leído y a descubrir una editorial nueva, Gallo Nero, a cargo de Donatella Ianuzzi.

Podéis encontrar reseñas de las Actas en muchas publicaciones: se ha hablado mucho del libro en los últimos tiempos (Vila-Matas, José Julio Perlado…) Os recomiendo una de las que más me han gustado, que es la que hace Patricio Pron en El Boomerang. Porque yo, aquí, lo que voy a hacer es propaganda del libro, y lo digo con todo descaro. En estos tiempos en los que nos pasamos las horas discutiendo la supervivencia del libro como objeto, la convivencia con el formato electrónico y el aterrizaje de las editoriales especializadas, me topo con un libro que hay que tener, no basta con que te lo presten, y hay que tenerlo en carne y hueso, y no vale ningún otro formato ni fórmula. 109 páginas de una edición primorosa y una cubierta con fotografía en blanco y negro presagian ya una historia de tinte decadente. Efectivamente, lo es: una relación amorosa turbia, otra relación no menos turbia con todo tipo de sustancias, digamos, medicinales, y un cadáver en la habitación de un hotel de Palermo que no pertenece a un huésped ocasional sino a un señor (a la sazón, el poeta francés Raymond Roussel) que vive allí de manera más o menos estable. Causa de la muerte: desconocida. Como se atribuye a la ingesta descontrolada de fármacos, no se considera necesaria la autopsia. La historia se cuenta en sólo 60 de esas páginas y no pasa de ser la crónica de unos hechos objetivos, donde no caben la fantasía ni la floritura, donde apenas hay un hilo argumental y ni siquiera el personaje central adquiere dimensiones de protagonista. Resulta interesante leer, una tras otra, las declaraciones de los distintos testigos, cada uno aportando su versión, y el juego narrativo-descriptivo que se produce. Sobre el estilo descarnado de Sciascia, “hermosamente seco”, sobre su “amor ilustrado por la razón”, al que anteponía un “amor partisano por la verdad”, tenemos al final del relato un soberbio epílogo del traductor, Julio Reija, donde nos explica la razón de ser del curioso opúsculo y nos ayuda a desentrañar los misterios que hayan podido quedar sin resolver tras terminar la lectura. Y no son pocos, los misterios: el curioso investigador da por finalizado su propósito sin llegar a conclusión alguna, lo cual, lejos de dejar al lector con la sensación de que el esfuerzo ha sido vano, le impulsa a volver al principio, convencido de que tan diminuta obra tiene muchas capas. Como lo define su traductor, es una obra “transversal a los géneros de la novela policíaca, la crónica histórica o de actualidad, el ensayo filosófico en torno a la verdad y la denuncia ciudadana”.

Así las cosas, no sé qué recomendaría en primer lugar: comprar el libro, que no llegará a 10 euros, sí; leerlo, por supuesto; devorar con afán de buen estudiante el epílogo y las notas, no perderse ni un detalle y jugar a reconstruir un misterio que, a fin de cuentas, coincide con el misterio que mueve el mundo: “la conformidad de una sociedad encantada de convertirse en rebaño”… todo es igual de recomendable. Os recomiendo también que os asoméis a la web de Gallo Nero para conocer el resto de sus publicaciones y la filosofía de Donatella que nos habla de “esa sensación adictiva, esa euforia del descubrimiento que quizás sea la última actividad romántica que le queda a esta profesión pero es al mismo tiempo su esencia. Creo -asegura- que el olfato que guía a un editor es el mismo que guía a un lector curioso en una librería”. Sobre Gallo Nero, dice: “nace de mi voluntad de compartir lecturas con un público más amplio, de mi convencimiento de que existen personas con gustos parecidos a los míos y sobre todo de hacer míos algunos autores y libros. […] El catálogo de Gallo Nero es un listado de mis lecturas, no hay ningún estudio de mercado detrás, si así fuera no habría editado a un clásico alemán del siglo XVIII o a un autor naturalista brasileño del XIX. […] De momento y sin mirar los números, Gallo Nero me hace feliz”.

Pues bienvenidas a este foro, Gallo Nero y Donatella. Esperamos la inminente aparición de otra promesa interesante: Sobre el periodismo, de Joseph Pulitzer.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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4 respuestas a “Todo se desarrolló en media jornada… y nada de autopsia”

  1. Lo compraré, en primer lugar… 😉

    Saluditos.

    • Debes hacerlo, Alejandra. Y ya que estamos con cuñas publicitarias en este lunes tan feo, otro “must”: Cuentos chinos, de Alejandra Díaz Ortiz, en Trama Editorial. El valor de lo grande es indiscutible, pero la esencia siempre va en pequeñas dosis: “Hubo una vez un hombre muy guapo que me amó”…

  2. Pingback: Tweets that mention “Todo se desarrolló en media jornada… y nada de autopsia” | De libros y de hojas -- Topsy.com

  3. Jota A. Bernal dijo:

    ¡Eres convincente! Mañana lo busco, que tiene una buena pinta…

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