Éramos víctimas de un proceso histórico, aunque entonces no lo supiéramos


Leo con fruición un estreno literario del género autobiográfico. Qué conmoción. La estructura espiral de la vida, de espiral vestida de glamour y cool del bueno, en la onda del Guggenheim de Wright –que aún no he visto y del que Fernando Castro Flórez dice que es un aparcamiento, y él sabe lo que se dice– me trae esta semana a maltraer. Con los años, uno debería acostumbrarse a que la vida no es lineal, y algunos lo hacen. Otros tardamos en conseguirlo, o no lo conseguimos nunca, y eso sin pertenecer al grupo de los eternos adolescentes. Mi abuelo decía que la vida da muchas vueltas, que viene a ser lo mismo: hoy estás aquí, y mañana allí, hoy eres rico y mañana pobre, hoy te aman y mañana te desprecian. Y entonces recuerdo aquella canción de Spencer Davis Group, Keep on running. Eso es lo que toca, seguir corriendo. Me estoy arreglando para ir a una fiesta y, mientras peleo contra estas ojeras antiguas como Cleopatra para camuflarlas a toda costa, escucho en el cuarto de mi hijo –que tanto me recuerda a Carlos Pardo cuando tenía su edad– un vinilo donde suena The in crowd, por Dobie Gray. En el momento de escribir esto, estoy cerrando un ciclo vital y comenzando otro. Hace dieciocho o veinte años me preparaba para ir a una fiesta con un cardado bien alto y me pintaba rabillos. Sonaba The in crowd en un vinilo de mi propio cuarto. Seguramente en aquel momento también estaba cerrando un ciclo y a punto de empezar otro, así que debería estar acostumbrada. Sin embargo siento un poco de miedo. Un miedo que entonces no tenía, y pienso que tal vez de eso se trata vivir: adquirir conciencia de los propios errores, verse de pronto desprovisto de la arrogancia que te llevaba a despreciarlos.

El estreno ha sido la presentación en Madrid de la Vida de Pablo, de Carlos Pardo, publicada por Periférica. Ha sido que el autor presentara la obra como autobiográfica, con ese punto de sarcasmo inteligente y humorístico que le caracteriza, y la defendiera como una novela de amor. Bravo. Bravo por un autor que hace dos cosas que no están de moda. Pero es que Carlos nunca hizo lo que estaba de moda: la moda le seguía a él, y a los suyos. Qué tiempos. Me pregunta, cuando me firma el libro, si me acuerdo de él. Cómo no voy a acordarme: otra espiral. Yo no soy de su generación, no, que a él no le gusta esa palabra: yo no soy de su edad, sino de la edad de su hermano mayor. Y sin embargo, hay tantos puntos de encuentro, tantas cosas en esta novela que me hacen retroceder muchos años en el tiempo, que la espiral vuelve a girar y la línea vuelve al principio, sin cerrar el círculo del todo.

Pero la novela no me ha gustado por lo que pueda encontrar, o reconocer, en ella de mi propia vida, de una experiencia compartida a medias, cuando él entraba en la escena y yo ponía ya un pie fuera, persiguiendo mi propia meta. Vida de Pablo es una novela valiente y difícil, que se lee sin dificultad de un tirón si uno hace caso al autor y no se empeña en mirar qué es real y qué es ficticio, porque eso es lo de menos. ¿Cómo va a importar la realidad en un mundo cuyos protagonistas se limitan a vivirlo, a apurarlo de un trago, sin que importe si estás a este o al otro lado de la línea? Importa la marcha, el avance –aunque sea en círculos–. La vorágine. La vorágine de la noche, del alcohol, de la música y de la literatura. La prisa, o la lentitud, que imprimen a la existencia ese constante exigirnos a nosotros mismos que tengamos bien presente cuál es nuestro sueño. Y sin embargo, Vida de Pablo no es la crónica devastadora de unos jóvenes viviendo la noche al límite al estilo de aquella famosa Historias del Kronen. Con su título casi bíblico, con sus descripciones leves y telegráficas donde aflora el poeta que fue antes que el novelista, Vida de Pablo es más grande, más extensa, más universal. Sí, es una novela sobre el amor en los tiempos del mileurismo, como he leído en algún periódico. Y es una novela de iniciación, cómo no, y un canto a la amistad, y tantas otras cosas. Pero tiene, la novela también, una estructura en espiral donde las vidas de Carlos y Pablo se entrelazan recordando la del ADN y la agilidad de esas novelas (pos)modernas o no que tampoco acaban de gustarle al autor. Me gusta, subjetividad aparte, ese corte del final donde “la pandilla” parece estar constituida ahora ya de manera definitiva: las parejas hechas y rehechas, los errores en vías de enmienda –si es que tienen enmienda–; los hijos, cuando los hay, ya en el mundo: el paso a la edad adulta, la imagen del trabajo fijo que no permite ni vivir ni soñar ni realizarse. Y me apasiona –y esto es absolutamente subjetivo, me acuso de ello– su banda sonora, su calidad de novela iniciática a través de la literatura, tanto a través de la lectura como del esfuerzo, muchas veces infructuoso, de escribir contra viento y marea. Y, querido lector, cuando acabes la última página, olvida Spotify, el i-pod y la nanotecnología y mira a ver si tienes algún vinilo de Spencer Davis Group, ponte un polo marrón y un pantalón estrecho, y sigue corriendo.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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