Se enfilan collares. Ensayo con vestuario


Dice la canción que podría estar allí cuando yo llegara abajo y me pregunto si será una invitación. Ahora me doy cuenta de que la cortina del dormitorio, al lado de la cama, está descosida. Me doy cuenta ahora que el sol entra impertinente; está descosida y he vuelto a olvidarme de arreglarla. Arréglala, Eleanor. Dice la canción:  Eleanor, ponte de nuevo esas botas y corre. Y yo corro, ya lo creo, porque sé que estoy muy elegante cuando corro aunque, dicen, correr resta dignidad. También lo dice la canción. Yo podría correr hasta la montaña rusa que hay en Coney Island y subir, si tú me juras que estarás allí cuando yo llegue abajo. Iré hasta allí, me iré sin preparar la cena, sin dejar ni siquiera una nota. ¿Debería dejar una nota? Sin arreglar la cortina del dormitorio, me iré antes de que los niños lleguen del colegio, subiría, cabalgando, hasta el punto más alto y saltaría sobre esas aguas asquerosas, pero… Tengo miedo. Podría arrastrarme la Corriente del Golfo. Podría ponerme un vestido, ese nuevo que tengo sin estrenar, no sé cuándo lo voy a usar si no… y las botas marrones. Y ahora veo que el suelo está sucio, tiene una capa de polvo sutil como un velo que me recuerda que no he limpiado hoy tampoco. Botas para correr. La banda sonora de mi vida está llena de botas. Botas para caminar. Camina, no corras. Corre, nena, corre. Sigue corriendo, sigue corriendo. Todas suenan en mi cabeza con imágenes de película antigua, de color desvaído, en blanco y negro, o en sepia con toques de marrón, de chicas y chicos con botas como esas botas, como mis botas nuevas, de tacón alto… como el vestido, todavía sin estrenar. Me las podría poner para este ensayo con vestuario. Una vez me dijeron que las mujeres se arreglan cuando piensan quitarse la vida. Qué horror. Yo correría hasta ese sol que está allí detrás, escondido. A veces es tan pequeña la distancia entre el cielo y el suelo. ¿Qué me pongo, entonces? Si yo no he estado en Brooklyn en mi vida, está tan lejos, Brooklyn. Me colocaré este aparato, así llevaré esa canción dentro mi cabeza, resonando como una caja de eco. No necesito nada más. Y ese piano guiará los pasos de mis botas hasta el punto más alto y seguirá tocando mientras pienso cuál será la palabra que buscaré en el diccionario de la estatua cuando llegue arriba. ¿Será tal vez el salto atmosférico del que habla la canción? Creía que se llamaba salto cuántico. Dice la canción que corra, y yo corro y mientras corro me estremezco al ver ese titular en los periódicos de un quiosco de Brooklyn, gritando Mujer cuarenta años Muerta al caer desde la montaña rusa de Coney Island Nadie ha reclamado el cuerpo. Un escaparate de Brooklyn me devuelve una imagen de mí que apenas reconozco, creo que ya no existe: esbelta y atrevida, con la melena al viento, corre, nena, corre, sigue corriendo, forajida, mi pequeña forajida. Tal vez no sea yo. No he cogido nada de abrigo, me doy cuenta ahora que me llega el aliento helado del río. Ni siquiera he dejado una nota. Sigo corriendo, corriendo, corriendo hacia aquel lugar que dice la canción, subiré hasta el punto más alto en busca del sol escondido.

¿Y tú? Tú prométeme que estarás allí, cuando yo llegue abajo. Cuando yo llegue abajo.

Esta historia está dedicada a todas las personas que sienten el impulso de huir. Agradecemos:

a Nancy Sinatra por These boots are made for walking
a los Shadows, por Walk don’t run
a Amanda Lear por Run, baby, run
a Spencer Davis Group por Keep on runin’
a Del Shannon, Runaway
Y, por supuesto, a Franz Ferdinand, por Eleanor Put Those Boots On

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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2 respuestas a Se enfilan collares. Ensayo con vestuario

  1. Take the money and run – Steve Miller Band

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