Al otro lado del espejo. D’Annunzio Barcelona Tour


Me gustan las historias que cierran círculos. Sobre todo, cuando además de cerrarlos abren otros, tal vez más grandes, que se expanden como los que forma una piedra al caer en el agua, y permiten continuar la serie. La historia de hoy es una de esas y, como no podía ser de otro modo, está relacionada con un libro también especial: Crónicas literarias y autorretrato de Gabriele d’Annunzio (Fórcola Ediciones) de cuya traducción al castellano, edición y notas, soy la orgullosa madre.

Cuando empecé en esto de la traducción, recién licenciada, mi madre se enfadaba conmigo. “Te pasas el día ahí encerrada, sin fines de semana, sin vacaciones, sin arreglarte y sin hablar con nadie. Este trabajo no puede ser bueno. Desde luego, no es lo más adecuado para una chica de tu edad. Esto es para gente mayor”. Ella sabe que lo intenté en numerosas ocasiones, unas por buena voluntad y otras por fuerza mayor, y nunca dio resultado. Mi sitio estaba en ese lado del espejo donde se cuecen las cosas, no donde se exhiben. En el obrador, y no en el escaparate: ahí es donde siempre quise estar.

Hace unos días se cumplió el decimocuarto aniversario de su muerte. Desde entonces la he estado echando de menos en lo bueno y en lo malo, en la salud y en la enfermedad. Cada fracaso ha sido más doloroso sin ella, cada logro, un poco menos dulce. Pero el otro día pasé al otro lado del espejo, atravesé la cortinilla de encaje del escaparate, y me vi de pronto entre candilejas, sentada ante un público para mí numeroso, hablando de ingredientes, de tiempo de cocción, de trucos de cocinera experimentada tal vez sin serlo del todo. Y me hubiera gustado mucho que estuviera allí, entre la audiencia, viendo cómo se cerraba el círculo.

No es fácil poner en palabras lo que uno hace con relativa facilidad; no quiero decir con esto que hacerlo no entrañe un esfuerzo, sino que para quienes estamos habituados a trabajar entre bastidores y realizamos una labor cuyo mayor lucimiento consiste precisamente en pasar desapercibida, como es la traducción, resulta un poco extraño ponerse debajo de los focos a explicar lo que parece obvio. Y si embargo, el balance no puede ser más positivo: no sólo para mí, que me sentí en todo momento como en casa, arropada y apoyada por amigos y colegas y, sobre todo, partícipe de una serie de actividades que considero muy oportunas en un momento como éste en el que estamos.

Fue hace unos días, en Barcelona, en un acto perteneciente al recién inaugurado ciclo “El traductor presenta…”, organizado por ACEtt. Tal vez para estos tiempos donde prima la cultura del exhibicionismo una iniciativa como esta no resulte chocante, pero para los traductores, que casi por principios defendemos nuestra condición de invisibles, debería ser casi un anatema. O eso parecería a simple vista porque la pura realidad es –y ahora me voy a sentar entre los espectadores– que los traductores existen, que hacen falta, que tienen un estilo propio y una misión casi imposible que cumplir: que no se note que la traducción es tal, que la lengua de partida brille por su ausencia, que el original prevalezca, pero no se transparente. Que han de tener presente que son un instrumento para la comunicación, para la transmisión entre un emisor y un receptor que tienen un código distinto y, por lo tanto, no pueden captar el mensaje. Que su difícil cometido es lograr que el autor “hable” en la lengua del receptor como lo hace en la propia. Y he querido “sentarme entre el público” no porque no me sienta obligada por todas estas premisas, sino porque al estar allí, frente a ellos, en posición destacada, fui consciente de esto más que nunca, portadora de tan ardua carga y tan novata como si hubiera empezado el día de antes. Tal vez esta es otra cosa que nadie debe olvidar jamás: con cada trabajo que se acaba volvemos a estar desempleados, con cada proyecto que surge volvemos a someternos a pruebas de nivel, con cada trabajo que se publica volvemos a pasar un test de capacitación, con cada autor pasamos una reválida. Esta reflexión me lleva inevitablemente a otra: dos días de presentación en Barcelona, dos librerías que llevan unas cuantas semanas abiertas al público. La primera, Le nuvole, que acogió nuestro evento “El traductor presenta…”, dedicada en exclusiva a la literatura italiana y con un interesante fondo de obras infantiles e ilustradas. La segunda, Pequod, donde participé en otra nueva serie –esta vez de coloquios, llamada “Els vespres italians” – junto a David Martín Copé, que ha editado en Alfabia una de las novelas de d’Annunzio: Triunfo de la muerte. El alma mater de este evento presentado por Sergi Bellver fue otro Sergi, del foro Literatura Italiana. Es decir, dos editoriales minoritarias y un entusiasta increíble –porque no sé cómo llamarle para hacerle justicia, para explicar en toda su magnitud la tarea que desempeña– que no para de anunciar citas imprescindibles para todos los aficionados a la literatura italiana. En definitiva, esas cosas que le llenan a uno de esperanza cuando parece que la crisis toca a su fin y resulta que no, y se hace más honda, que tantas librerías son engullidas por peces más gordos, que el libro electrónico acabará con el de papel y que el Google Translator nos aniquilará a nosotros. Olivia de Miguel, vicepresidenta de la Asociación de Traductores y maestra de ceremonias en la presentación del primer día, despidió el acto diciendo “Me alegro de que estéis tan locos como para hacer cosas como esta”, blandiendo mi d’Annunzio. Creo que esa frase y el espíritu que encierra resumen todo lo que ha intentado contar esta crónica: lo que Olivia puso en lenguaje poético con tanta gracia y acierto es lo que nos mantiene en pie. Ese punto de locura que no es inconsciencia, sino audacia; que no es valor, sino fe. Pase lo que pase, el obrador tiene que seguir funcionando, los hornos tienen que mantenerse encendidos. Y si los nuevos tiempos nos empujan a la especialización, a la diversificación, a la realización de actividades colaterales, o a salir al escaparate y explicar cómo preparamos los platos, como si fuésemos Arguiñano, pues lo haremos. Y no porque esté de moda, sino porque es bueno saber cómo se crea algo, escuchar distintas voces y conocer diversos enfoques.

Porque, como reza la frase que cierra el libro, una máxima de Corneille: “conquistar sin riesgo es triunfar sin gloria”.

No quiero cerrar esta entrada sin agradecer su asistencia y participación a tantos amigos y colegas: a la Asociación de Traductores, a Olivia de Miguel y Ana Alcaina; a David Malapartiana y al otro David, a Nuria “Editora con carrito”, a Martín Ojo Fisgón, a Marc, Zulema, Julia, Carlos, Claudia, Carolina… a las libreras Cecilia y Consuelo, con todos mis deseos de buona fortuna para sus proyectos, a los dos Sergis y demás amigos de Literatura Italiana, a ambos editores, a todos los que estuvieron y cuyos nombres no retiene mi memoria de mosca y a los que no pudieron venir, por igual.

Gracias también a los fotógrafos: David, Cecilia, Sergi y Consuelo.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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4 respuestas a Al otro lado del espejo. D’Annunzio Barcelona Tour

  1. julia dijo:

    Fantástico artículo, Amelia!

  2. Hermosa crónica, Amelia. Fue un privilegio compartir mesa y charla con usted y con nuestros colegas traductores, editores y militantes dannunzianos.

  3. David Soler dijo:

    Muy buen artículo Amelia. Fue un placer teneros en casa y escuchar la interesantísima charla. Ah! y estás fotos sí que son buenas 🙂

  4. Claro que sí, hay que enseñar que hay vida al otro lado del espejo. ¡Que vengan muchos más libros, de D’Annunzio o de quién sea!

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