Charles Dickens y el Cuento de Navidad


En los últimos tiempos siempre tengo dificultades a la hora de colocar la entrada del día en su sección correspondiente. Vuelvo a dudar, esta vez entre Se enfilan collares –a fin de cuentas, quería poner un texto que no es mío, y ahí es donde debe ir– y De translatio et al: la traducción de títulos es siempre un tema controvertido que da lugar a largas discusiones entre colegas, o entre propios y extraños, y en muchas ocasiones un quebradero de cabeza para el traductor. Por eso The old curiosity shop me venía al pelo, pero no así La tienda de antigüedades, ni siquiera El almacén de antigüedades. La primera me sitúa rápidamente en uno de esos locales del Barrio de Salamanca de Madrid donde se encuentran piezas carísimas de mobiliario, joyería y ajuar doméstico, libros raros o pinturas de hace años, pocas veces valiosas y casi nunca buenas. The old curiosity shop tiene un componente de negocio pequeño y abigarrado donde se puede bucear entre cosas insospechadas e inesperadas que no está en ninguno de estos títulos. Al menos, no para mí. Pero al filo de la Navidad, ¿quién se pone a discutir por una frase, por una traducción, por un matiz? Si a fin de cuentas lo que yo quería hoy era otra cosa bien distinta: poner aquí, como corresponde al calendario, un fragmento del Cuento de Navidad de Charles Dickens. Y contar una historia que tuviera que ver con él, claro.

Cuento de Navidad –con traducción también inexacta, por cierto, pero es la que a mí me gusta: Canción de Navidad me sabe a poco, y “Villancico”, que sería lo más correcto, demasiado carpetovetónico: así no nos vamos a entender– no fue mi primer encuentro con Dickens. El primero fue una edición de La pequeña Dorrit de aquellas infantiles o juveniles de Bruguera que venían con texto y cómic. Ahora bien, el primer acercamiento “adulto” a Dickens fue con el libro que aparece en la foto: el que siempre será para mí Cuento de Navidad, y no Canción de Navidad, regalado en 1980 (según reza la nota manuscrita) por mi tío César, de su propia biblioteca, en traducción de J. Millás Raurell y prologado por Miguel Delibes. Ni el texto ni su moraleja me convirtieron entonces en fan de Dickens , pero vuelvo a su lectura todos los años. Y esto sí que tiene que ver con el post de hoy.

Por inmensa que haya sido la fama del autor, por grande la cifra de ejemplares de sus obras que se han vendido, por importante que haya sido su influencia en la literatura posterior, pocos sabrán que le debemos algunas cosas más. Para ceñirnos al tema: aquellos que os sintáis identificados con Scrooge porque la Navidad no os gusta, porque os parece un invento moderno de los grandes almacenes… he aquí el verdadero inventor de la Navidad tal y como la conocemos hoy. Dickens no se limitó a crear un universo con las herramientas de que disponía, describiendo una realidad que tenía delante, pasándola en muchas ocasiones por un tamiz que la idealizaba y logrando ese equilibrio tan personal de crudeza y sentimentalismo. También predicó con el ejemplo: en su casa (tanto en la propia como en la de sus padres, según consta) se reunía la familia, se comía y se bebía, se cantaba y se bailaba. Dickens escribió durante tres años una serie de historias para conmemorar las festividades del Solsticio de Invierno: Cuento de Navidad fue la primera, en 1843, y El grillo del hogar la última, en 1845. Cuento de Navidad fue la más popular, y contribuyó a reactivar la celebración de las Navidades en Gran Bretaña y los Estados Unidos cuando estas iniciaron su declive. El éxito se debió seguidamente a su contenido moral fácilmente digerible, al modo en que trata el tema de la redención y a la fuerza de sus personajes arquetípicos, que calaron profundamente en la cultura occidental. La expresión “Merry Christmas”, alcanzó su popularidad gracias a su aparición en el relato, hasta el punto de desplazar a su correspondiente “formal”, “Happy Christmas”. “Merry” deriva del inglés antiguo “myrige”, que en su origen significaba “agradable” o “placentero”, más que “feliz”. La primera noticia que se tiene de esta expresión se encuentra en 1565 en el Hereford Municipal Manuscript, y reza así: “And thus I comytt you to God, who send you a mery Christmas”. Existe una carta escrita en 1699 por un almirante inglés que desea “Merry Christmas and a Happy New Year”, la misma frase que se canta en el famoso villancico “We Wish You a Merry Christmas”, del siglo XVI y pagano. La expresión “Happy Christmas” ganó adeptos a finales del siglo XIX y sigue usándose en el Reino Unido y en Irlanda, en cohabitación con “Merry Christmas”. Tal vez se deba a la influencia de la clase media metodista victoriana, que trataba de separar “su” Navidad de la de la clase baja, asociada con comportamientos chabacanos y asociales: “merry” también era un adjetivo que se relacionaba con el estado de embriaguez, lo que nosotros llamamos “estar contento”. Se dice que por esta razón la reina Isabel II prefiere la expresión “Happy Christmas” a la otra.

Volvemos a Cuento de Navidad, publicado en 1843, en pleno revival victoriano de las navidades: su popularidad, inmediata, las tradiciones navideñas de la era victoriana que aparecen tipificadas en él y el nuevo significado del término popularizaron la expresión “Merry Christmas”. El término Scrooge se convirtió en sinónimo de tacaño como nuestro Quijote o Don Juan se convirtieron en sinónimos de aventurero soñador y de mujeriego incorregible. William Thackeray dijo que el cuento era un emblema nacional. Hay historiadores que consideran que redefinió el significado de esta celebración, acompañándolo de un renacer de la alegría transitoria asociada a ella tras la supresión de los rituales paganos por parte de las autoridades puritanas, tanto en Inglaterra como en los Estados Unidos. Dickens contribuyó a convertirlo en un festejo que se desarrollaba en torno a la familia, todo un síntoma de modernidad, en lugar de centrarse en la comunidad o en la iglesia, dotándolo además de su naturaleza laica. De este modo influyó en los modos y costumbres que han permanecido hasta nuestros días en el mundo occidental: las reuniones familiares, la comida y la bebida típica, los bailes y juegos y el famoso “espíritu navideño”. Y otro dato: la primera tarjeta de felicitación navideña impresa y enviada por correo también tiene su origen en Inglaterra, en 1843: Sir Henry Cole, fundador del Victoria and Albert Museum, había escrito antes tarjetas navideñas a mano, pero en esa ocasión decidió encargar al pintor John Calcott Horsley una que mostrara a los necesitados recibiendo ropas y alimentos. A partir de entonces, también por culpa de este revival, se generalizaron las tarjetas que reproducen plazas nevadas, con puestos de mercado, chiquillos jugando o cantando canciones típicas y cocheros que llegan a su destino. Y, sin duda, llegado el momento, los grandes almacenes aprovecharían la estela.

Y yo llego al fin de una entrada que no encaja en Collares ni en Traslatio. La pondré en De libros y escritores. Aunque tratándose de Dickens, también se sale de ahí. Así que  terminaré diciendo,  como Scrooge rehabilitado:

“I am as merry as a school-boy. A merry Christmas to everybody!”

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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11 respuestas a Charles Dickens y el Cuento de Navidad

  1. Querida Amelia: Ya ni siquiera comento tus textos, me dejan sin palabras. Son un prodigio, me gustan mucho y siempre aprendo con placer. Los dos vicios de mi vida son la calidad exquisita y el divertirme. Y tú me das todo con tu privilegiada pluma. Eres esa mezcla de Erudición y tradiciones populares, que -perdona la autoreferencia-, es el subtítulo, precisamente, de mi ya vieja Tesis doctoral. Merry, merry, y más bien estar, para todo lo que te apetezca. Besos, Lola

    • Querida Lola: ¡Eres increíble! Seguro que tu tesis tiene mucho más de esa mezcla de erudición y tradiciones populares que yo, pero te agradezco mucho el comentario. Me alegro de contribuir a procurarte unos placeres tan sencillos. Te deseo también una Feliz Navidad, y espero seguir “viéndote” por aquí. Un lector -y más un lector como tú- siempre es un tesoro.

  2. David Soler dijo:

    Que bien escribes… 😉
    Primero desearte ¡Feliz Navidad! En segundo lugar comentarte que tengo la colección de RTVE en casa… de los 70. Con los encartes y todo 😉

    • Me das mucha envidia, querido. Ahora los abres y quedan un poco feotes (el papel, la tipografía…) Pero las tapas siguen teniendo ese aquel de nuestra niñez, sí. Y son entrañables. Y para muchos de nosotros, una puerta a la literatura en castellano o no. Yo conservo este y El retrato de Dorian Gray, como oro en paño. Bon Nadal!

  3. Merry, merry… querida Amelia…
    Como siempre, un placer leerte…

  4. forcola01 dijo:

    Gracias por tu hermosa historia navideña, de la que tanto he aprendido. Si pienso en la Navidad, mis recuerdos infantiles siempre me remiten al universo de Dickens, y especialmente a su Cuento de Navidad (universo infantil también poblado por Ivanhoe o La isla del tesoro). Ahora, gracias a ti, ya se porqué.
    Mis mejores deseos y Feliz Navidad!

    • Bueno, eso tiene la lectura. Además de un placer, es una puerta a mundos e historias que desconocemos. Me alegro de ser un modesto transmisor del conocimiento. Yo soy quien tiene que darte las gracias por contarte entre mis lectores. Feliz Navidad también para tí.

  5. David Arnaiz dijo:

    Hola Amelia, aunque no nos conocemos, tenemos a Julia Alquézar en común (aunque ella es un poco Scrooge con la Navidad, la verdad, si bien lo va limando con el paso de los años), y también compartimos, por lo que veo, la adoración por Dickens y, en concreto, por “A Christmas Carol”, que siempre me ha parecido uno de los mejores relatos de la literatura. Lo que no conocía eran datos como el que versa sobre le expresión “Merry Christmas”, así que gracias por tu texto y la información que das en él. Y, cómo no, solo me queda desearte una feliz Navidad.

    • Querido David, bienvenido a esta casa de locos, es una alegría tener a un Dickensiano de pro entre nosotros, precisamente en este post. Me alegro de que te haya gustado y de que te avengas a compartir a Julia conmigo, aunque sólo sea un poco. Yo también soy, como ella, un poco Scrooge. Pero sí, la vida nos lima, y la Navidad también, con sus espíritus de la Navidad pasada, presente y futura, de los que todos acabamos aprendiendo. Te deseo una Navidad feliz y plena, realmente dickensiana. Un abrazo.

  6. Que maravilla leerte, respetada Amelia. No me perdonaré por no haberte leído antes. Pero, seré tu lector incondicional a partir de hoy y tu aprendiz de escritor.

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