Los Dickens conquistan América


Tal día como hoy, 20 de enero de 1842, Charles Dickens y señora llegaron a Boston tras cruzar el Atlántico en una dura travesía que duró 18 días, la mayor parte de ellos con tempestad y marejada y después de encallar entre las rocas en la costa de Nova Scotia. Buscaba un acicate y un descanso: un descanso tras muchos años de escribir sin parar, un acicate para seguir escribiendo. Buscaba conocer mundo, sobre todo mundos distintos al propio. Y buscaba resolver una cuestión que aún hoy está a la orden del día: los derechos de autor de sus obras. Desembarcó enfundado en uno de sus famosos chalecos llenos de color y luciendo una chistera, y los bostonianos le encontraron vulgar, aunque enseguida sucumbieron a su encanto e ingenio: Richard Dana, escritor y político, dijo de él que era el hombre más inteligente que había conocido.

El balance del viaje fue positivo, aunque no fuera oro todo lo que relucía. Dickens se enfrentó a la peor parte de la fama y el reconocimiento, algo que siempre buscó y disfrutó. Pero el ritmo de encuentros, conferencias y todo tipo de acontecimientos sociales encaminados a agasajarle o a explotar su imagen le llevaron a encerrarse unos días en su habitación, pretextando un fuerte catarro. Se puede decir que durante este viaje tuvo la oportunidad de vivir junto a su esposa Catherine la luna de miel que no tuvieran en su momento, en una casa de campo de Kent, mientras él escribía Pickwick: aún estaban felizmente casados, y sus cuatro hijos bien atendidos en su casa de Londres, en Devonshire Terrace. Contó a su amigo y biógrafo John Forster cómo había sometido a Catherine a una sesión de hipnosis (una de sus recientes manías) “con resultados positivos”. Disfrutó de Cincinatti y de las cataratas del Niágara, de donde dijo que era difícil para un hombre sentirse más cerca de Dios de lo que podría sentirse allí: Dickens se había vuelto hacia la espiritualidad al morir su cuñada Mary Hogarth a los 17 años. También confesó haberla recordado en aquel entorno. No le gustaron sin embargo las tierras del Sur, de las que dijo: “Nos encontramos ahora en la región de la esclavitud, las escupideras y los senadores”. No le gustó, en general, el carácter americano, cuyo detallado reporte le valió más de una enemistad. Precisamente tras la visita a Virgina envió una serie de cartas a sus amigos, Forster entre ellos, donde decía: “No me gusta el país. No viviría aquí de ninguna de las maneras. Va contra lo más profundo de mi ser. Y lo mismo te pasaría a ti. Considero imposible de todo punto que un inglés pueda vivir aquí y ser feliz”. El 7 de junio de 1842 partían del puerto de Nueva York en un barco de vela, el George Washington: no querían repetir la experiencia del viaje de ida a bordo del vapor Britannia.

Las vivencias americanas de Dickens quedarían plasmadas en sus American Notes, que terminaría de escribir en otoño de ese mismo año. Su lucha por los derechos de autor –a pesar de que Forster envió un manifiesto firmado por doce autores ingleses de renombre que se publicó en los principales periódicos de Boston, Nueva York y Washington– no quedaría resuelta hasta 1891, mucho tiempo después de su muerte. Dana –que lo consideraba un genio pero no un caballero– escribió en su diario que “su viaje a América había sido una expedición a Moscú para su fama”. Poe definió las American Notes como “una de las producciones más suicidas que jamás haya publicado autor alguno cuando se tiene una reputación que perder”. También se enemistó con Washington Irving por sus sátiras de algunos americanos más o menos conocidos. Longfellow, sin embargo, “quedaba suyo devoto admirador” e hizo una buena crítica del libro. Quedaban tres semanas de trayecto a casa: para hacerles el regreso más llevadero llegaba a Devonshire Terrace la hermana de Catherine, Georgina Hogarth, una mujer que tendría un papel importante en la vida del escritor. Pero eso ya es otra historia.

Anuncios

Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
Esta entrada fue publicada en De libros y escritores y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Una respuesta a Los Dickens conquistan América

  1. Amelia: Feliz año 2012 con mi mejor palabra para agradecer el derroche de talento y sensibilidad de tu escritura. Rigogliosa.
    Te la puedo regalar en italiano, mi lengua favorita.
    Esta palabra es mi preferida, asociada a los mejores días de luz particular, días de juventud en los que el paisaje de Toscana o del Véneto me regalaron las mayores transparencias de la belleza.
    Rigogliosa es tu escritura; y cada vez que te leo más ganas me dan de verte escribiendo y comprobar que es cierto, que algunas personas se trasparentan al expresarse, y dan una luz especial.
    Hoy te he tomado apuntes para mi entrada de cuatrimestre: LA LITERATURA NO ES MÁS QUE EL ACTO DE CONVERTIR LOS RECUERDOS EN SERES MACIZOS.
    Gracias, esta definición será el primer comentario en mi Aula de la Experiencia. El gusto de leerte no lo comento, es particular e inefable.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s