El baile de Boz


El 14 de febrero de 1842, con motivo de la visita a Nueva York del señor y la señora Dickens, se celebró en su honor el llamado Boz Ball, que fue la fiesta del momento y que iba a ser recordada en los anales de la historia de la ciudad durante mucho tiempo. A ella asistieron todos los neoyorquinos que pudieran pagar el precio de la entrada (5 dólares de entonces) y cuyo linaje les permitiera acceder a la taquilla, porque muchos hubo dispuestos a pagar 40 dólares cuando se hubieron agotado, y ninguno –o pocos– dispuestos a venderla. El baile se celebró en el Park Theatre, cerca del ayuntamiento, un lugar con aforo para 3.000 personas que se acondicionó especialmente para la ocasión y se decoró con escenas de las obras literarias más conocidas del famoso agasajado. Los asistentes lucían en la manga un corazón rojo en lugar del santo del día.

El periódico definió el acontecimiento como uno de los más grandiosos que había ofrecido la ciudad. Días antes se había constituido un comité para organizar la fiesta y, a modo de antecesor de la entrega de los Oscar, se colocó un toldo en la puerta del teatro, donde había una persona encargada de dar entrada y salida a los carruajes que iban llegando. También contaron con un dispositivo especial de seguridad, a cargo de la policía de Nueva York. Las puertas del teatro se abrieron a las 19.30 horas, y en menos de media hora se llenó. Charles Dickens llegó a las 21.00, que fue cuando dio comienzo el baile: lucía un traje negro con chaleco gris; su esposa, Catherine, llevaba un vestido blanco de algodón irlandés con flores azul profundo bordadas, una guirnalda de flores también azules en el pelo, peinado en bucles, y collar y pendientes de perlas. El menú, supervisado por un comité especial, fue obra de Thomas Downing, llamado “el hombre de las ostras”, que cobró 2.200 dólares. Los asistentes consumieron 50.000 ostras, 10.000 sandwiches, 40 jamones, 75 lenguas, 50 redondos de vaca, 50 pavos, 50 pares de pollos y 25 de patos y 2.000 chuletas de cordero, que regaron con casi 230 litros de té, casi 600 de Madeira, un barril y medio de Oporto y una cantidad “no especificada de vino rosado y café”.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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2 respuestas a El baile de Boz

  1. Que los Amores de Dickens te traigan la suerte que mereces, felicidades por tan buen momento y que el amor sea todo lo hermoso que tu desees en tu vida. Entre los amores también vive la amistad que me gustaría cultivar a la luz de tus libros y hojas.

    • Querida Lola: veo que tengo aquí comentarios tuyos que ya había leído y que están sin responder, cosa que me sorprende y me causa cierta vergüencita. Espero que me disculpes, estoy segura de que lo entenderás aunque la falta de tiempo nunca debe ser un pretexto. Gracias por tus deseos. Llego a este “momento”, como tú lo llamas, ilusionada y expectante, esperando sobre todo estar a la altura con la calidad de mi trabajo y deseando que todo salga bien. Un abrazo grande y gracias de nuevo por tener siempre una palabra de ánimo y de admiración.

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