Silencio. Resiliencia.


Silencio. Resiliencia

resiliencia

1. f. Psicol. Capacidad humana de asumir con flexibilidad situaciones límite y sobreponerse a ellas.

2. f. Mec. Capacidad de un material elástico para absorber y almacenar energía de deformación.

Hace ya cerca de un año un buen amigo me regaló El exilio interior. La vida de María Moliner, de Inmaculada de la Fuente publicada por la editorial Turner Noema. Hasta la semana pasada no he encontrado esa conjunción de factores con la que me gusta abordar la lectura de ciertos libros: tiempo, espacio, silencio. La encontré al fin en estos tres días festivos sin compromisos laborales inmediatos, y me pude zambullir en sus páginas sin pausas innecesarias, sin prisas incómodas y sin más interrupciones que las justas. En cierto modo buscaba también una constatación, que sólo encontré a medias. Pero he de confesar que encontré mucho más, y más valioso.

No partía de la creencia, ya superada, de que María Moliner era una esposa, madre de familia y ama de casa que escribió a ratos un monumental diccionario, cuando el zurcido de calcetines le daba un respiro. Pero poco sabía de su vida, personal y profesional, más allá del desempeño de su labor de bibliotecaria en la Escuela de Ingenieros Industriales y de la elaboración de su magna obra en la mesa del comedor de la casa familiar. No puedo dejar de agradecer de nuevo a mi amigo Antonio Carrillo Tundidor este regalo que he podido por fin devorar y disfrutar en un momento en que la situación propia y la general, esa que han provocado tantas crisis concluyentes en los últimos tiempos, me empujan a hacer balance y a reflexionar sobre activos y pasivos, logros y fracasos, inversiones futuras, obligaciones y también, cómo no, prima de riesgo vital.

El libro de Inmaculada de la Fuente tiene el inmenso valor de estar extraordinariamente bien documentado, tanto que en ocasiones me pesa que tenga ese tono de crónica tan marcado y no deje paso con más frecuencia a las personales opiniones de la autora, que estimo valiosísimas. Y aunque la estructura es rigurosa y correcta, normalmente con un hilo cronológico, hay veces que vuelve atrás y desconcierta al lector que no conoce bien, como es mi caso, a las personalidades culturales de la época con nombres y apellidos que se repiten porque en el ajo de la Institución Libre de Enseñanza están padres, hijos y hermanos, víctimas de la costumbre de la época de repetir los nombres de pila y de llevar los nombres de pila más repetidos entonces. La narración pormenorizada de vicisitudes profesionales, de pérdida de un puesto, de traslado a otro, y de convivencia de trabajos alimenticios con proyectos extraordinarios, como su participación en las Misiones Pedagógicas, ensombrecen en mi opinión el relato humano de una mujer inmensa, porque distraen al lector empeñado en no perder ripio de ese hilo cronológico, cosa que no sucederá con el lector iniciado o el que conozca bien al menos a unos cuantos de los personajes que pueblan sus páginas. No quiero decir que esto sea un defecto en un libro cuyo trabajo de documentación me parece impecable, pero sí que no es de lectura fácil. Tal vez sea porque a mí me gustaría que fuese un libro que pudieran leer todas las amas de casa que aún quedan, todas las que se han visto obligadas a dejar su trabajo, o su carrera, para cuidar a un hijo o a un familiar enfermo, empujadas por unas estadísticas de paro voraces o por una dificultad cada vez mayor para la existencia de esa desconocida que es la conciliación. Seguramente este no era en absoluto el afán de la autora, pero no he podido evitar pensar en todas esas mujeres que no han salido adelante por falta de apoyo o de recursos, y en las que lo han hecho como María Moliner: en silencio, con resiliencia, con los escasos medios a su alcance, a veces con todo en contra, la María Moliner que nos retrata Inmaculada de la Fuente.

No me sorprendió, vuelvo al principio, encontrar en estas páginas la vida de una bibliotecaria de oposición que construyó un diccionario en sus ratos libres. Me sorprendió que llevara una vida relativamente acomodada, con servicio doméstico y casa de vacaciones; me llamó la atención la enorme energía que desplegó en la época de las Misiones Pedagógicas, no sólo energía mental, o intelectual: también física, puesto que los desplazamientos en la época, en coche o a pie, no debían ser precisamente cómodos ni rápidos. Me chocó que, amando tanto como amaba las palabras y los libros no fuese una gran lectora. Me sobrecogió que fuera sometida a la depuración política con un expediente laboral impecable, y que aceptara estoicamente un destino contra el que no podía luchar, dando la vuelta a la situación y transformando aquella energía de antaño en paciencia y aguante. En resiliencia: una palabra que ella no incluyó en su diccionario y que aún hoy, cuando figura de manera provisional en la todavía futura edición del RAE suscita recelos y antipatías. Esta mujer era el resultado de una juventud de lucha por la supervivencia, de cierto disimulo social ante el abandono del padre, de una sabiduría adquirida a golpes. De la conciencia absoluta de que a veces no se puede combatir el fluir de un río, sino acomodarse y fluir con él. Y me enfadó sobremanera la cobardía de Camilo José Cela y otros cuantos, que aún reconociendo sus méritos la cerraron el paso a la Real Academia sólo por ser mujer. Y no una “mujer recoleta”, como ella misma se definió: nada de eso. Una mujer social y sociable, aunque no fuese dada a la juerga, con una extraordinaria capacidad de amor a su familia y a sus amigos y, lo más importante de todo, lo suficientemente fuerte como para impedir que las circunstancias la obligaran a aparcar su sueño. Su historia me parece de un sentido común y una practicidad enormes, presidida de principio a fin por esa máxima de Chesterton que reza: La aventura puede ser loca; el aventurero ha de ser cuerdo.  Cómo, si no, habría podido hacer lo que hizo.

Anuncios

Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
Esta entrada fue publicada en De libros y etiquetada , , , , , . Guarda el enlace permanente.

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s