Make love, not war


“Es justo perseguir como enemigo de la humanidad a aquel que prefiere arrebatar con violencia y sangre lo mismo que se podría obtener por medios más civilizados” (Samuel Johnson)


Este de hoy será el comentario de una paradoja, de una premisa aparentemente insostenible y probadamente insustancial, de la apertura y el cierre de un paréntesis, de la coincidencia de dos situaciones y dos conciencias con dos siglos de distancia, del sinsentido que supone que dos plumas tan dispares reflexionen sobre sendos acontecimientos en dos puntos tan alejados en la geografía y en la historia, seguramente también en la ideología política, estrictamente hablando. Dos siglos en los que los avances técnicos y científicos han ido acompañados también de avances bélicos y que han sido testigos de algunas de las más atroces y absurdas contiendas de la historia, si es que hay alguna que no lo sea. La pura constatación, en fin, de que el hombre es el único maldito animal que tropieza dos, o las veces que sean, en la misma piedra.

Con sólo unas semanas de distancia la editorial Fórcola saca dos libritos (en la intención de quienes los escribieron, dos “opúsculos”, que me encanta esa palabra) sobre la guerra. Uno, con portada en blanco y negro y mancha roja de sangre de profundo dramatismo, reproduce una fotografía real de la época, la de la Guerra Civil española. Es un artículo que Julián Marías escribió en 1980. El otro lleva una imagen del siglo XX cuyo anacronismo parece compensarse con el virado a sepia para dar cobijo al Panfleto contra la guerra de Samuel Johnson, que data de 1771 y es un alegato contra el conflicto de las Islas Falkland, o Malvinas. No hablaré de lo que salta a la vista: excelentes portadas, magníficos textos, soberbios autores, incluso cierto don de la oportunidad. La edición, como siempre, impecable: en el caso del texto de Johnson Daniel Attala ha realizado un estupendo trabajo de traducción y confección del libro, que aparte del texto del Doctor Pomposo lleva un esclarecedor prólogo que no debe dejar de leer nadie que no conozca a fondo el conflicto desde su origen, numerosas notas explicativas al final y algunos documentos (cartas y actas) que añaden rigor a la tarea. Del prólogo de La guerra civil. ¿Cómo pudo ocurrir, firmado por Juan Pablo Fusi, diré lo mismo, sobre todo porque al tratarse de un conflicto más cercano en el espacio y en el tiempo muchos pensarán que ya lo saben todo. Pero estas son cosas que se ven a simple vista o bien ojeando/hojeando apenas cualquiera de estos volúmenes, de pie, en cualquier librería, con cierta calma. Lo que me ha removido los cimientos ha sido leer, en ambos casos, aseveraciones casi idénticas. Del más antiguo, calificado por Boswell como “una de las piezas de elocuencia más preciosas de la lengua inglesa”, dice Attala que “puede ser leído como un manifiesto, apologético, filosófico, histórico, polémico y satírico a la vez, por la paz en general, en denuncia de los delirios que anteceden y acompañan a las guerras”. Más adelante afirma, sin embargo, con todo acierto, que la intención de Johnson no era pacifista en sentido estricto. Entendámonos: no era ese pacifismo blando del hippismo, caricaturizado en su simbología y sus consignas, tal vez ni siquiera un pacifismo como el de Ghandi. Era un pacifismo que se sostenía por oposición: ¿por qué había que hacer la guerra si era absurdo, caro, insensato, bueno para nada? ¿Qué sentido tenía una guerra en estos tiempos en los que, aparentemente, los seres humanos contaban con otros medios para resolver sus diferencias? Johnson habla incluso del afán belicoso como un instinto básico que sólo pretende enmendar una cuestión de honor, lo que convierte a toda contienda en innecesaria e injustificable, puro derroche. No es que las bajas, la posibilidad real de la muerte, no tuvieran su peso. Marías, de hecho, escribe esa frase espeluznante sobre los últimos años de la Segunda República: “Comienza a perderse e respeto a la vida humana”. Cierto que la reflexión de Marías se basa más en la insensatez del sentimiento guerrero por lo que tiene de destructivo para el tejido emocional, social y humano, en definitiva, mientras que el de Johnson apela más a la cordura para evitar males innecesarios, y no sólo materiales, conviene aclarar esto: también, y en su caso, por la destrucción del tejido diplomático. A cada uno de estos casos le añade un peso específico la época de las contiendas narradas y el marco histórico, político y geográfico en el que ambas se desarrollaron, tan distintos entre sí: una guerra se libró a miles de kilómetros del hogar de al menos una parte de los contendientes, y provocada por la ambición de gobernar un territorio sin valor aparente. La otra fue la peor clase de guerra: una guerra civil, capaz de desgarrar no sólo las entrañas de un país, sino como sucedió en este caso, las de una sola familia, cualquier familia española de entonces.

¿Qué es lo peor de todo? Pues para Julián Marías la incapacidad que nos quedó a los españoles de superarla, de cerrar la zanja que separó a las dos Españas, el empeño en olvidar, no por supervivencia sino por pereza, porque la memoria pesa más que el olvido. La incapacidad de retirar los despojos de una vez y construir sobre suelo raso: esa obsesión suya parece haber sido la que desencadenó la escritura de este texto, aparte de tratar en él cuestiones humanas como la traición, la solidaridad, la capacidad de resistencia y demostrarnos que nada es blanco ni negro y, que en medio de la burricie sin tino también surgen a veces valores tan básicos como el instinto de supervivencia y tan elevados como la valentía. En cuanto a Johnson, espigo este párrafo casi del final: “Éstos son los hombres que sin virtud, trabajo ni riesgo alguno se enriquecen conforme su país se empobrece (…) y se matan de risa, allá en sus escritorios, del coraje y de la ciencia, al tiempo que amontonan número sobre número y cifra sobre cifra a la espera de un nuevo contrato para un nuevo armamento y calculando la ganancia que les dejará un asedio o una tempestad”. Salvo por estos dos últimos sustantivos, hoy casi en desuso, estas palabras de Johnson bien podrían servir de comentario a un reportaje de Informe Semanal sobre los actuales conflictos de Oriente Medio, por citar un ejemplo. Sí, lo que me ha removido los cimientos ha sido leer las opiniones de dos pensadores de primer orden a los que separan doscientos años. Doscientos años en los que tuvieron lugar las dos Guerras Mundiales, la de Vietnam, la de Corea, la de los Seis Días, tantas más. Se filmaron M.A.S.H., Cómo gané la guerra, y ¡Oh, qué guerra tan bonita!, que ridiculizan el sentimiento bélico y muestran un puñado de hombres devastados, desorientados y sin ideales, aunque sea en clave de humor. Después incluso de fechar Marías su texto se desencadenó la de los Balcanes, en el corazón de Europa. En el momento de escribir esto he perdido la cuenta de cuántas quedan, activas o latentes, haciendo buenas las afirmaciones de estos dos hombres. Debe ser que sí, que el hombre es el único maldito animal capaz de tropezar en la misma piedra un número infinito de veces.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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3 respuestas a Make love, not war

  1. Pingback: La guerra civil ¿Cómo pudo ocurrir?- Julián Marías

  2. Pingback: Falkland-Malvinas: panfleto contra la guerra- Samuel Johnson

  3. Celulitis dijo:

    Julian Marias escribia de temas muy fuertes pero su estilo era muy singular.

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