El velo pintado


Volver cuesta. Sobre todo cuando no vienes de ningún lado. Cuando en lugar de volver a casa por Navidad te has quedado en el mismo sitio y lo único que parece haber pasado es el tiempo con su aliento helado. Y cuando uno no tiene gran cosa que decir, o sobre la que escribir, es mejor quedarse quieto y callado. Sin embargo encontré, no hace mucho, un asunto que despertó mi interés y dio pie a una reflexión interesante, que tiene que ver con libros. Y como suele pasar, el desencadenante no pudo ser más banal, ni más alejado de mis actividades habituales: la película Lo imposible.

No soy seguidora del cine español ni aficionada a él: cuestión de gustos, que nadie se ofenda. Cuando coincidieron en la cartelera un cuento de Blancanieves con mantilla y peineta y corrida de toros (es lo que tiene la universalización, que todo el mundo se lo apropia todo) y “la historia de una familia española que sobrevivió al tsunami de Tailandia” protagonizada por dos actores ingleses y rubios como la cerveza, que diría doña Concha, cayó en mi mano un artículo sobre la protagonista, Naomi Watts, que me encantó. Lo leí a salto de mata mientras esperaba mesa en un restaurante; estaba en una de esas publicaciones gratuitas sobre ocio. Y no recuerdo ni el nombre de la publicación ni el de quien firmaba el artículo, creo que era un hombre. Si alguien se reconoce (cosa poco probable) o lo reconoce aquí y quiere acreditarlo, estaré muy agradecida y contenta de contribuir a difundir su opinión. Si no, sepan ustedes que estas opiniones que comparto y que me emocionaron, tienen un padre.

Vi a Naomi Watts por primera vez en El velo pintado. Esta novela de Somerset Maugham fue una de las primeras que leí en mi vida en versión original. La saqué de la biblioteca del Británico porque sabía que había sido una película protagonizada por Greta Garbo, de la que me hablaba mi abuelo cuando me contaba sus experiencias como acomodador a tiempo parcial. Ese es el origen. A fecha de hoy, me avergüenzo de no haber visto esta versión, carencia que no puedo compensar con la nueva. Cuando comenté con una amiga que me había sorprendido la interpretación de Watts, a la que no recordaba de otras películas y que yo tenía por la típica rubia superficial (ay, los prejuicios: encima, no la había reconocido porque en El velo aparece morena), ella me respondió que era muy buena actriz y que, efectivamente, en El velo pintado estaba muy digna aún sin ser la Garbo. Recoloqué entonces a la pobre mujer, no sé si donde merecía, pero vista de cerca me parecía merecer más ocupar la estantería de las divas menores (que también eran enormes) de los años dorados de Hollywood que la de las tontas de hoy en día.

Y voy al grano. Superado el momento “pero cómo van a interpretar Naomi Watts y Ewan McGregor a una familia española, que esto no se lo cree nadie”, y sin ganas todavía de ver la película, cae en mis manos el famoso artículo. Y como un albañil que encuentra al excavar una pieza que resulta ser valiosa, me ofrece una dimensión de Watts que sí me parece creíble y leo, sobre todo, una frase que me saca del letargo mental en el que andaba sumida: Watts es una especie de hidrato de carbono de absorción lenta (no, la frase no es del autor del artículo sino mía: traslado el concepto porque no recuerdo las palabras exactas ni dónde puedo localizarlas, pero no importa). La compara con su compatriota a medias (Watts se crió en Australia, pero es británica de nacimiento) Nicole Kidman —que no me inspira ninguna simpatía en absoluto, lo siento, me parece una bruja hasta cuando hace de buena— y habla del valor de lo que se consigue poco a poco, de lo que se edifica sobre firme. Por algún motivo, esas reflexiones me llenan de satisfacción: cierto que me gusta más Watts que Kidman, de aquí a Roma, que me parece más guapa y me cae mucho mejor, que me parece más versátil como actriz y mucho más dulce, más señora y más educada… vamos, que me complacería mucho más, también, como nuera. Pero lo que más me llega al alma es encontrar unas afirmaciones así en tiempos como los que corren, en este universo-kleenex. Ya sé que las comparaciones son odiosas, pero a fin de cuentas los mitos están para servirnos de ejemplo, aunque sólo sea un poco, con su vida y obra, y es mucho más fácil salir delante de una mala racha cuando uno ve que el trabajo duro también tiene su recompensa, incluso en una sociedad de tómbola-sálvame-salsarosa como ésta, que cuando sólo le imponen a uno ídolos con pies de barro que además no se parecen en nada a nosotros ni a nuestra circunstancia. No creo que vea Lo imposible, a pesar de Watts y sobre todo a pesar de McGregor, que no es mal actor y está siempre guapísimo también; no me gustan las películas donde se sufre, cada vez menos. Pero debo confesar que me alegré hace unos días cuando oí una noticia donde la ponían como película más taquillera del año. Me alegra que un español saque partido cinematográfico a una situación como ésta, igual que hacen los de Hollywood, porque mira que nosotros tenemos tragedias, y convendrán conmigo en que no las vendemos igual que los yanquis. A la Blancanieves torera no la veré seguro, lo siento muchísimo… mi atracción por el folclore se acaba en la tonadilla, en el audio, no logro que pase al vídeo; el encaje de las mantillas me provoca urticaria, y ya saben lo que dicen: para gustos, colores. A Watts me gustaría decirle que olé sus narices (mucho más bonitas que las de Kidman, dónde va a parar), y que me alegro de que se haya deshecho, en mi imaginario, de la etiqueta de rubia superficial que nunca debí ponerle. Así las cosas, estoy segura de que superará con creces el reto al que se enfrenta: interpretar a Lady Di en un bio-pic. Ahí si que quisiera yo ver a la ex señora Cruise. Y perdonen por lo de hoy: necesitaba desahogarme. Prometo ver El velo pintado de Garbo: se lo debo a mi abuelo. Y la novela la volveré a leer, seguro. Por enésima vez. Que también enseña muchas cosas de eso de seguir adelante en la adversidad. Ah, y la dedicatoria: este post va por Lola.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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4 respuestas a El velo pintado

  1. Renee Sañudo de la Torriente dijo:

    Hola Amelia, me ha encantado tu post. Tu abuelo tenía razón al ensalzar “The Painted Veil”, interpretada por Garbo, mi opinión es parcial porque cualquier película con Garbo dentro creo que merece verse. Garbo no era de este mundo. Ella misma, años después de haberse apartado del cine, dijo que jamás habría otra Garbo: ella había cambiado.

    Aparte, su coprotagonista en la película es Georges Brent, otro señor de los que no quedan (amante intermitente y oponente recurrente de otra de mis actrices favoritas, Bette Davis).

    He visto ambas películas y ambas me han encantado, una por ser en blanco y negro, otra por ser en color. Cada una por sus actores. Siempre por la extraordinaria historia. En la primera, Garbo viste diseños de Adrian, son auténticas obras de arte y nadie podría llevarlos como ella. Cuando tengas la oportunidad, te recomiendo ver la primera versión. Estoy segura que tu abuelo te guiñará el ojo cuando la veas, porque él tenía razón.

    Y comparto tu opinión sobre Kidman, su gelidez resalta más al compararla con la dulzura de Watts, son dos rubias muy diferentes.

    Has tardado en regalarnos otro post, but you certainly have delivered, my friend!

    • Querida Renée, eres la enciclopedia del cine en persona. Me ha encantado “amante intermitente y oponente recurrente”. Claro que tengo que ver la peli de Garbo: si la novela de origen y la intérprete ya son motivos de sobra, el vestuario viene por añadidura. Siento el retraso, de verdad. Me gustaría poder prometer que no va a volver a pasar… prometo que intentaré que no pase. Besos.

  2. Alexandra dijo:

    Tenías mucho tiempo sin escribir, es muy agradable leerte otra vez. Me ha gustado mucho este post, El velo pintado es una asignatura pendiente que tengo, tanto el libro como la película de la Garbo. De esa película me habló hace mucho un amigo y no le hice mucho caso. Lo único que te voy a señalar es que tienes un pequeño error, el protagonista de la cinta no es Ewan McGregor sino Edward Norton 😉 y en cuanto a Naomi Watts, bueno de ella me gusta mucho la película 21 gramos (21 grams) fue dirigida por el mexicano Alejandro González Iñárritu. A mi juicio sigue siendo su mejor papel hasta ahora.

    • Alexandra, mil gracias por tu comentario. Te pido disculpas también por el retraso. El libro te lo recomiendo vivamente. Es una joya: tengo un amigo que dice que en ciento y pico páginas no se puede escribir una buena novela, pero es una opinión que no puedo compartir. Casi siempre es un ejercicio de genialidad y talento condensar en pocas páginas tanta lucidez y tanta poesía. Yo creo que, salvo excepciones, mis novelas predilectas no superan las 200-250 páginas. En fin: que debes leerlo, y ambas debemos ver la película de Garbo. ¿Dije que McGregor protagonizaba El velo pintado? Creo que me refería a Lo imposible. Por cierto, que E. Norton me provoca cierto “distress”, pero en la película está muy bien. No vi 21 gramos, pero no eres la primera que me dice que Watts está espléndida. Me alegra este descubrimiento. Y me alegra, sobre todo, ver a alguien con talento construir una carrera y una reputación sólidas. En estos tiempos que nos ha tocado vivir donde todo son prisas y oropeles, las personas a las que veo triunfar por su trabajo y perseverancia me merecen un enorme respeto. Y creo que tú también sabes algo de esto. Gracias por tu paciencia y por tus comentarios, siempre. Te aseguro que te tengo muy presente porque para mí representas el futuro de esto que a veces me lleva a preguntarme si tiene algún futuro, y la respuesta es sí. Tal vez no sea como yo lo conozco, o como yo lo imagino. Pero futuro hay: sois vosotros. Un gran abrazo, Alejandra.

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