Mujeres cuentistas, hombres cuentistas – Primera parte


Ladies first. Porque como cantaba Coz, las chicas son guerreras. Y hablando de chicas y de cantar, creo que no había encontrado tan mala leche en la expresión artística femenina desde que oí a Massiel cantar Lady Veneno, hace ya…

Quiero hablar hoy de dos libros de relatos con cuyas progenitoras comparto circunstancia de oficio y condición de género. Y no, no voy a abrir de nuevo –y mucho menos voy a ahondar en él– el debate de sensibilidad femenina versus sensibilidad masculina cuando se maneja la pluma. El asunto es que estos libros han salido a la calle con pocos meses de diferencia, el segundo cuando aún está en gira de promoción la autora del primero, y los he leído relativamente cerca uno del otro, y me he reído –y sonreído– mucho yo sola, sin que nadie me viera.

la fotoMe refiero a Pizca de sal, de Alejandra Díaz-Ortiz, su segunda recopilación de relatos tras Cuentos chinos (ambos en Trama Editorial) y Casa de muñecas, de Patricia Esteban Erlés, autora entre otras cosas de Azul ruso (ambos en Páginas de Espuma), con ilustraciones de Sara Morante. En el primer caso, una evolución hacia la madurez narrativa y un gran trabajo de desbroce, recorte y condensación, los relatos de Alejandra ganan cuanto más breves, se hacen más líricos cuando imitan poemas y aumentan la densidad del conjunto con ese hilo conductor que es una metáfora de la cocina, donde ella –además de en escribir– es maestra. Patricia, de la que no conozco obra anterior, reúne en este volumen los resultados cotidianos e inmediatos de un pequeño experimento que se inició en Facebook, donde me hice fan de sus píldoras de fotos comentadas y donde se estableció la conexión Morante, que puso el magenta. Una y otra vienen a hablarnos del amor y de sus contrapartidas, sus contraprestaciones, su lado oscuro. Desmontan una vez más el mito de los cuentos de hadas y los príncipes azules –que parece que nunca se desmonta del todo– cada una en su estilo. Me gustan, una y otra, más cuanto más dejan de lado el artificio, la floritura y la oración subordinada, y construyen un relato en una frase, como un disparo. Alejandra tiende más a lo poético; Patricia, a lo factual. Coinciden en la sutileza de la crueldad, en la capacidad para dar la peor noticia sin rodeos. Manejan la metáfora absoluta. “APARECE DESCUARTIZADO EL CUERPO DE UN MATRIMONIO FELIZ. Se sospecha de dos responsables, aunque no se descarta la participación de un tercero”, escribe Díaz-Ortiz. “Tienes las manos pequeñas, le dijo ella, con un deje de decepción en la voz, a su asesino”, es el que titula Esteban Erlés Novela Negra. Una sola cara del amor, las dos caras de la muerte. Aunque tal vez este postulado también sea reversible, como todo en la vida, con un lado magenta y otro negro. ¿Quién puede decir que él –o ella– se encuentra en el lado de los vivos, que los muertos son los otros? Probablemente nadie, pero qué difícil es plasmarlo en un microcosmos literario: uno, constituido por la cocina y todo lo que conlleva; otro, que abarca toda la casa, toda una mansión victoriana con dos plantas, buhardilla y sótano, aunque en miniatura.

la fotoMe han gustado los dos, las dos, confieso sin rubor alguno. Literatura literalmente de bolsillo para tomar en pequeñas dosis, impresa en libros bonitos que en el móvil o en la tableta no se leerá igual de bien, seguro. Y puestos –¡puestas!– a revisar nuestras costumbres de apareamiento y nuestros ídolos del otro sexo, mucho más didácticos, me atrevo a decir, que cien sombras de nada. “Banca rota” o “Burbuja inmobiliaria” (en Pizca de sal) deberían ser lectura prematrimonial obligatoria. O “El columpio”, en Casa de muñecas: una de las mejores simbiosis entre retrato e ilustración que contiene el libro. La frialdad, el humor ácido, la tristeza trasnochada que rezuman… un dulce afán de venganza pospuesta para servir templada, que no fría; una voluntad de superación práctica… Todo llena estos dos libros de razones para no perdérselos. Aunque seáis muy hombres.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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Una respuesta a Mujeres cuentistas, hombres cuentistas – Primera parte

  1. Queridísima Amelia, me dejas muda, pudorosa y encantada.
    Eres muy generosa. ¡Muchas gracias!

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