Belleza es poder*


Helena-Rubinstein-1940s-makeup-guideCae en mis manos hace unos días un libro que ya me había llamado la atención en librerías y en prensa, uno de esos libros que no sabes por qué te atrapan: el título es largo y no tiene gancho (aunque sí morbo), la portada no es bonita (aunque está construida a partir de una foto en blanco y negro que tiene cierta belleza y resulta sutil) y la tipografía y el color tampoco me resultan especialmente atractivas. La cara oculta de la belleza me suena casi a título de radionovela de las que oían mi madre y mis tías. Y el subtítulo, Helena Rubinstein, L’Oreal y la historia turbia de la cosmética, me hacen pensar en trabajadores en condiciones de esclavitud, experimentación en animales  e ingredientes cancerígenos y, sobre todo, nada ecológicos. Todo ello mucho más afín a nuestros tiempos que a los de Helena y a Eugène Schueller. Claro que todo cambia cuando uno recuerda que Rubinstein era judía y que a Schueller lo acusaron de colaboracionismo, y que el nombre de su marca se vio no hace tanto envuelto en un escándalo de corrupción estando Monsieur Sarkozy en el Elíseo. Y todo suma. El asunto es que este libro de Ruth Brandon (publicado por Tusquets y traducido por Purificación Meseguer) me llega como caído del cielo, lo empiezo esa misma tarde y me lo leo, como dicen los alemanes, “wie ein Krimi”**.

Sob. La cara oculta..TR.FH11No hablo de este libro por su valor estrictamente literario, claro está. La lectura se hace a veces densa y complicada, por los vaivenes de la línea temporal (un tanto errática) y por la enorme cantidad de datos históricos que aporta. A cambio, un rigor exquisito y una fantástica recreación de la etapa de colaboracionismo del círculo de Schueller, capítulos que por sí solos constituyen una auténtica película de acción. Y como la historia es de por sí un auténtico culebrón, hace falta poco más.

Helena Rubinstein a los ochenta y seis años, retratada por Graham Sutherland.

Helena Rubinstein a los ochenta y seis años, retratada por Graham Sutherland.

A pesar de todo, de que no sea un libro de ficción y de que muchos de los lectores conocerán la historia, o las historias, me consta que también habrá quien no haya profundizado tanto en la materia, o quien sepa algo de oídas, de segunda o tercera mano, con el riesgo que ello conlleva. La lectura es tan entretenida que no diré nada que pueda nublársela a los posibles lectores. Si se animan, muchos se sorprenderán al encontrar por ahí el nombre de Mitterrand, expresidente de Francia. Pero sí quiero destacar una cosa que siempre procuro tener muy presente: nada es siempre blanco o siempre negro, nadie es del todo bueno o del todo malo. Schueller colaboró con los nazis por razones prácticas, como tanta gente (por mucho que esto sea discutible desde el punto de vista moral: me limito a reflejar aquí la imagen que da el libro, que no le libera de sus culpas); era probablemente un machista y describió una teoría económica de tintes totalitarios en un libro donde exponía las razones por las que un empresario debe cuidar y tener contentos a sus empleados. Rozando (¿abrazando?) la teoría del superhombre de Nietzsche nos muestra por qué sólo unos pocos pueden ser líderes, en el ámbito de la empresa o de la política. Y la mujer… bueno, está en el mundo para cuidar del marido y de los hijos. Y aunque esto no lo diga, para consumir sus productos, dado que cuando más aumentan las ventas de cosméticos es cuando las mujeres deben o quieren incorporarse al mundo laboral, impulsadas por la guerra o por la crisis… por la necesidad, siempre, en definitiva. Rubinstein, por su parte, salió aún adolescente de su barrio obrero de Cracovia y lo único que buscó toda su vida fue no volver a la pobreza; dio la espalda a sus orígenes, a su nombre —cambió por Helena el de Chaja cuando inició su nueva vida— y a todo lo que la relacionaba con Polonia. Ella era la mayor de varias hermanas, Schueller era hijo único. Mientras Schueller era un empresario de libro, capaz de experimentar y arriesgar en los negocios, Rubinstein jugaba siempre sobre seguro y reclamaba, al final de su vida, los diez dólares que había ganado al póker a un amigo. Él había estudiado y era químico, ella sólo una advenediza tozuda.

Liliane Bettencourt con 89 años de edad

Liliane Bettencourt con 89 años de edad

Tras comparar el modo de hacer de cada uno, sobre todo en cuanto a estrategia empresarial y de marketing —este es un aspecto especialmente interesante del libro—Ruth Brandon compara las vidas de Helena Rubinstein y de Liliane Bettencourt, la hija de Eugène Schueller, casada con André Bettencourt y que en la actualidad, viuda, es la dueña de la cuarta fortuna del mundo. Si atendemos al género, la mujer más rica del mundo. Envuelta al final de su vida en un escándalo de dimensiones planetarias, que hizo tirar del hilo del pasado colaboracionista de André y, por ende, del propio Eugène, Brandon nos muestra la imagen de una mujer infeliz desde su infancia (quedó huérfana siendo muy niña aún), falta del cariño y de la atención paterna, y con un desinterés absoluto por el dinero y, sin embargo, educada y con clase, elegante, sutil, comedida y equilibrada en todo. Rubinstein era el epítome del exceso: sus gustos y tendencias en maquillaje, vestido y decoración de interiores, su propia figura, que consiguió a base de luchar, una vez que pudo, contra el fantasma del hambre. Las dos, sin embargo, al final de su vida, pagan por recibir el cariño de un hombre más joven en una relación donde la cuestión sexual estaba, seguramente, excluida de antemano por diversas razones. Rubinstein encontró a un muchacho de bien que permaneció a su lado porque la tenía cariño. Bettencourt se dejó deslumbrar por un elemento sin escrúpulos que no tenía límite a la hora de pedir millones. El pastel se destapó cuando se vio que todos estos millones habían servido —o habían ayudado— para aupar a Sarkozy al poder, al margen de la legalidad. Bettancourt declaró que si se enamoraba de un cuadro, le provocaba el mismo placer verlo colgado en su casa que en la de otro; Rubinstein tenía sus piedras preciosas organizadas en cajones, por orden alfabético. Una se encontró viviendo una vida subsidiaria, siendo primero “hija de” y luego “señora de”; la otra se hizo a sí misma. Probablemente, ni una ni otra hayan sido del todo felices; seguramente ninguna de las dos lo reconocería. Lo único que parece seguro, aparte de que los movimientos empresariales de ambos imperios fueron inteligentes, acertados y oportunos, es que los dos subieron como la espuma porque las mujeres del mundo quisieron ser libres, ser guapas (o sentirse guapas, que es lo mismo) y, como demuestra la historia, conquistar el mundo con su trabajo y su independencia económica. No como mujeres, sino como seres humanos autónomos.

* “Belleza es poder” es el eslogan de uno de los primeros anuncios publicitarios de Helena Rubinstein, publicado en 1907 en el Australian Home Journal.

** “Wie ein Krimi”. Como una novela policíaca. Una lectura que te atrapa y no puedes dejar.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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