Clarice Lispector, la escritora que llegó del calor


Escribo porque deseo hablar profundamente. Aunque escribir sólo me esté dando la medida del silencio (Clarice Lispector).

Cubierta ClariceConocí -fugazmente- a Carolina Hernández Terrazas (México DF, 1978) en Barcelona, hace cosa de año y medio. Al salir de una presentación nuestro común editor me dijo que iba a publicar un libro suyo sobre Clarice Lispector y mi expresión de sorpresa y agrado debió ser tal que me valió el encargo de presentar hace unos días a la autora y su criatura en la Librería Rafael Alberti de Madrid (la foto que hay al pie de estas líneas la tomó la librera, Lola Larumbe). Conocí a Clarice Lispector hace cuatro o cinco años, en un taller de lectura de la biblioteca de mi barrio. Habló de ella una de las asistentes, una muchacha brasileña jovencísima, y habló como se habla de un héroe local. Me llamó la atención que una mujer con ese nombre fuera brasileña, y empecé a indagar en su vida y en su obra, y puedo decir que mi descubrimiento constituyó un punto de inflexión en mi vida literaria, equiparable a la primera lectura o al abordaje de Rayuela o Cien años de soledad (en cada caso personal pueden sustituirse estos títulos por los que procedan).

Si pudiera formular un deseo desde estas páginas, ese sería tener miles de seguidores, ser reputada crítica o prescriptora, y hacer llegar la obra de Clarice Lispector y, por ende, la de Carolina Hernández Terrazas, al gran público. Hay muchos enigmas de este tipo en la literatura: por qué alguien de reconocido talento no llega al público, por qué hay autores excelentes e inagotables que no son tan leídos. Clarice Lispector merece ocupar un puesto junto al Carnaval de Río y la Canarinha, y ser embajadora de Brasil en el mundo. Pero sobre todo en Europa, donde tantas veces actuamos como si lo conociéramos todo.

Clarice_Alberti

Clarice Lispector, la náusea literaria (Fórcola, 2013) es el trabajo de doctorado de Carolina Hernández, en palabras de Elena Losada, que lo dirigió y ha elaborado el prólogo, “despojado de su aparato crítico, de esa pedantería académica e intelectual que Clarice Lispector detestaba, para convertirse en un ensayo completo y complejo, el primer de esta envergadura que se publica en España sobre la obra de Lispector”. No le falta, sin embargo, el rigor, también académico, que se supone a todo ensayo, y una estructura muy bien organizada que permite leerlo de un tirón a los iniciados o consultando sólo las partes que interesan, para los que se inician en la lectura de Clarice y quieren, más que despejar dudas, constatar que aquello que han pensado, que han sentido al leerla, coincide con las apreciaciones de una autoridad en la materia.

Dijo Lispector que escribía como sentía. Sus relatos son a priori una plasmación de esa afirmación. Así debemos leerlos nosotros. Como dijo Carolina el otro día, “al menos la primera vez”. Hay pocos escritores que resistan muchas lecturas, eso lo sabe cualquier buen lector. Y los escritores de culto normalmente no llegan a un sector de la población lectora que busca en los libros exclusivamente el entretenimiento. El enigma de Clarice es que puede ser superficial y profunda, divertir y hacer pensar, permitirnos disfrutar con una historia que casi nunca se preocupa por la anécdota, sino por lo que desencadena en el personaje. Lispector es una especie de cinta de Moebius donde todo es como se ve pero también como se vería si se diera la vuelta, una y otra vez, ad infinitum. Una existencialista que lejos de sufrir por existir, disfrutaba de las cosas pequeñas de la vida. Mujer, judía, emigrante (por causas políticas y raciales), pobre, con un matrimonio infeliz a las espaldas… reunía todos los ingredientes para habernos vendido una imagen de ser desdichado en un mundo que no tiene arreglo. Sin embargo, todos sus relatos son un canto a la vida, al afán de escapar de una situación que no nos hace felices, que no nos completa. Sus personajes —afirma Hernández Terrazas— se crean un mundo propio que les permita encontrar la felicidad porque el Mundo grande, el de ahí fuera, es inabarcable.

En Clarice Lispector, la náusea literaria accedemos a un estudio más profundo de los temas que atraviesan su narrativa, una exposición de cómo abordó e interpretó Lispector todos los factores que pudieron condicionar su existencia y cómo logró ser una autora universal en lugar de un mero producto de su tiempo. La inmigración deja de ser un lamento por la persecución política o por el origen perdido, y se convierte en ese camino que todos recorremos en busca de nosotros mismos. La condición femenina se retrata desde la realidad del momento, ama de casa versus marido trabajador que llega buscando el descanso del guerrero, pero no se queda ahí: al mostrarnos en las protagonistas de sus historias a mujeres que salen de su situación con muy pocos recursos y sin ninguna alharaca, a veces sólo con volver a casa y descuidar la cena porque hacen de flanneuses un ratito, tras saltarse distraídas su parada de autobús. La otredad, ese concepto filosófico a veces tan complicado de plasmar en la literatura, Clarice lo pone a nuestro alcance con un simple espejo, un elemento fundamental en sus historias, que nos obliga sutilmente a enfrentarnos a nosotros mismos, a nuestra imagen —la que tenemos nosotros y la que tienen los demás de nosotros— en lugar de ofrecernos una puerta a un mundo de fantasía como el de la Alicia de Carroll. La ciudad cómplice, otro de los temas que Carolina Hernández trata en su ensayo, no la ciudad personaje, siempre amenazadora, casi siempre enemiga, de Dickens o los naturalistas franceses, ni siquiera como telón de fondo para las idas y venidas de los pobladores de sus historias.

Clarice Lispector no cabe en un post. Clarice Lispector escapa a las etiquetas, a la clasificación de todo tipo: temporal, generacional, geográfica. Su gran enigma es su principal atractivo. Su indudable dualidad es lo que la hace enorme. Su universalidad lo que consigue que nunca pierda vigencia. Su condición de mujer, el ingrediente secreto: sin hacer literatura para mujeres, sin dejar traslucir en ningún momento un discurso feminista obvio y ya superado, nos ofrece una forma de ver la vida a la que por alguna razón no alcanzan los hombres. Una existencialista a la que le gustaba disfrutar de la vida. Una escritora que buscaba la manera de plasmar el instante antes de que se escapara, la palabra exacta, o la forma exacta de decir algo aunque necesitara veinte palabras. Una celebridad en su momento que apenas dio entrevistas ni conferencias. Una cuentista a la que se lee obscenamente poco.

Espero haberles convencido. A los que buscan entretenimiento y a los que buscan autores de culto. A todos los que una vez leyeron algo de Lispector y creen que no lo entendieron bien. A todos los que dicen que los ensayos son aburridos. A los que han leído todo de Clarice. A los que no han leído nada. A los que creen que hay una literatura femenina o una voz femenina en la literatura y a los que creen que eso es todo mentira. A los que buscan escritores exóticos y a los que quieren algo más cosmopolita. Para todos, Clarice Lispector, la náusea literaria se convertirá en un libro afortunadamente imprescindible.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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3 respuestas a Clarice Lispector, la escritora que llegó del calor

  1. Pingback: Clarice Lispector: La náusea literaria - Carolina Hernández Terrazas

  2. Un honor contar contigo como madrina, Amelia, en la presentación de Carolina y su libro en la librería Rafael Alberti de Madrid. Y un privilegio aparecer de nuevo en tu espléndido blog. Conseguisteis hechizar con vuestra inteligencia emocional a un público entregado, que sintió el deseo irresistible de leer a Clarice Lispector al terminar la velada: qué mejor premio a vuestras palabras, que esa respuesta. Lean a Carolina, lean a Clarice. Y gracias!

  3. Patricia Terrazas Govea dijo:

    Interesante invitación…. darse a la tarea de leer un concepto diferente… espero poder conseguirlo.. Felicidades y en hora buena para todos los involucrados.. en especial a Carolina Hernández Terrazas.. .

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