Annus horribilis en lo deportivo


ScarletOverkillAl comenzar a escribir esta entrada veo que hay otra que se llama Annus Mirabilis. Así son las cosas. Siete años de sequía, siete años de abundancia, dice la Biblia. No hay mal ni bien que cien años dure, dice el refranero. Pero a veces el tiempo se engancha. Aunque se supone que corre lineal, su carrera tiene altibajos, zonas donde se ralentiza, paradas en seco, incluso retrocesos. No será, desde el punto de vista científico, el tiempo en sí, cuyo avance no para y retrocede, pero sí lo que pasa en él, que lo hace cambiar de consistencia. Así han sido para mí los últimos tres años, con un discurrir más loco y más desestabilizador de lo normal. De alguno de esos factores os he dado cuenta en este fárrago de libros y de hojas. Hace unos días hablaba con alguien utilizando esa figura del que tropieza y avanza trastabillando, intentando mantener el equilibrio, hasta un punto concreto. En ese punto, o se estabiliza, o cae. No pasa nada, porque si cae uno hay que levantarse. Pero el devenir se ve afectado en cualquier caso. Y para traducir hay que tener la cabeza fría y el corazón caliente (también los pies). Cuando de pequeña daba vueltas a algo que no tenía solución mi madre me instaba a pasar página diciendo: “No lo pienses más, no vas a sacar más que los pies fríos y la cabeza caliente”. Justo lo opuesto.

Comencé el año como Rafa Nadal con su operación de apendicitis. Bueno. Un parón sin importancia. Pero a la línea del tiempo no le gustan los parones, da igual la importancia que tengan. Claro que luego Rafa se esfuerza, dice que si no gana Wimbledon da igual y que irá recuperando la forma con torneos más pequeños, pero la gente te empieza a mirar mal y, algunos, a pensar que estás acabado. Rafa dice: “Vamos, Rafa”, no piensa en lo que pierde, sino en que tiene que seguir trabajando, y que el éxito ya llegará. Otros se cansan. Se cansan de aguantar bobadas y sufrir puñaladas traperas y deciden poner tierra por medio (como el personaje de Katy Jurado en Solo ante el peligro) aunque sea marchando a tierras menos benignas, que bien puede equivaler a empezar de nuevo en otro sitio, a cambiar de trabajo o, si no se tiene esa opción, a comenzar a trabajar de otra manera.

Así que hace dos semanas, con el cuerpo como si me hubieran operado de apendicitis y sin la posibilidad de irme a Oporto como Iker Casillas a vivir una temporadita y olvidarme de ciertas voces perturbadoras, sin posibilidad tampoco de vender la taberna y cargar cuatro chismes en la carreta como Katy (cosas no hay muchas, pero libros hay para llenar varias carretas), veo que un ciclista se ha retirado de la Vuelta por no sé qué en una uña en el pie y me digo, mira tú. A veces uno no puede seguir adelante aunque sea por poca cosa, así que ante la posibilidad de seguir trastabillando y no recuperar la vertical y caer de morros digo: “hasta aquí hemos llegado”. Y decido retirarme virtualmente y dedicarme a hacer sólo una cosa y no doce, y conectar con mi interior y todo eso. Y entonces se deslía la madeja y me veo andando como siempre, a paso normal (normalmente algo apresurado) y pidiendo al cosmos que se haya terminado ya el año, que ya es septiembre, que yo soy Virgo y que borrón y cuenta nueva… Y aquí sigo. Para lo que gusten mandar. Esperando tener en mis manos los dos libros que he traducido mientras trastabillaba y de los que os hablaré en breve. De los que he leído entretanto, esas lecturas que te devuelven la calma después de traducir y sobre los que siempre cuento algo en este cuaderno. Y de otro, novedoso: porque después de tantas aventuras y desventuras, paradójicamente, esta última vez la calma no me la devolvió una lectura, sino otra traducción. Feliz Año Nuevo a todos los que estáis como yo… Empieza el 2015, segunda parte.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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Una respuesta a Annus horribilis en lo deportivo

  1. Pues sí, Amelia, hay que seguir. Lo importante no son las veces que caemos, sino la ilusión con que nos levantamos.

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