Traducir Cumbres Borrascosas. Primera parte.


FullSizeRender¿Qué siente un traductor cuando un editor le encarga la traducción de Cumbres Borrascosas? Si preguntamos a cualquier profesional, dirá seguramente que dos sensaciones, en porcentajes variables según el día y el momento: entusiasmo y miedo. El miedo necesario para abordar el trabajo con respeto y atención extrema; el entusiasmo obligado para cualquiera que ame esta profesión. Los colegas nos compadecerán y nos envidiarán a partes iguales, aunque su frase más repetida sea que no nos arriendan la ganancia. Es comprensible: Cumbres Borrascosas, única novela de Emily Brontë, es patrimonio de la humanidad. Todos la hemos leído, todos hemos visto la película, todos tenemos y forjada una opinión de Heathcliff y Catherine y de su tormentosa relación… Que dé un paso al frente aquel que no se lo sepa todo al respecto.

Abordo el encargo, naturalmente, con la inevitable presión de la universalidad y la popularidad que pesan sobre la obra. Se añade, cómo no, el hecho de que ya existan varias traducciones (alguna bastante reciente) y que la de referencia sea, dado su peso como figura literaria, la de Carmen Martín Gaite.

Con estos antecedentes, ¿qué puede añadir un traductor que no esté ya sobre la mesa? Poca cosa, es cierto: una mirada nueva, algún matiz, la personalidad no ya de nuestra pluma, sino de nuestro teclado. Y casi todo ello es subjetivo. Frente a las traducciones existentes podemos hacer gala de cierta superioridad: de cierta, digo, porque en la mayoría de los casos no se encuentran errores graves. Lo que sí se aprecia es que las frases largas, sinuosas o cuajadas de subordinadas se han mutilado o podado como si fueran setos. Respiran, sin embargo, ese tono de texto polvoriento que tan atractivas las hace a un ojo entrenado. Martín Gaite, por el contrario, respeta escrupulosamente las estructuras y añade de su cosecha ese uso del español tan característico de ella. ¿Cuál es, entonces, la traducción buena? Ninguna. Y todas. Toda traducción tiene en su composición dos partes de objetividad y una de subjetividad. Las primeras: el respeto al original (traducir todo lo que dice, y traducirlo bien) y corrección lingüística (transmitir lo traducido correcta y elegantemente al idioma de llegada); la parte subjetiva es variable, y ahí es donde el lector preferirá una u otra. Esta traductora convirtió en caballo de batalla ésta última parte: para la generación que ha visto ya tantas series de la BBC, el tono de Martín Gaite está mucho más cerca de su imaginario propio, la Castilla de mediados del siglo XX, que de la Inglaterra de principios del mismo siglo. El lenguaje de Cumbres Borrascosas (salvedad hecha de los parlamentos del criado Joseph) no es ni vulgar ni ordinario: a pesar de las maldiciones que tantos detractores granjearon a la autora en su momento, conserva ese tono de politeness tan británico que corre el peligro de perderse cuando su castellanización es excesiva. En otras palabras: hay menos diferencia entre el lenguaje de los personajes de Cumbres Borrascosas y los de cualquier obra de un siglo más tarde, que entre los de Emily Brontë y los de Carmen Martín Gaite. Mi admiradísima Carmen los arrastra demasiado a lo popular, aunque el resultado final sea redondo porque escribe un castellano sin fisuras. Dicho esto, a veces tengo la sensación de que eso es lo único que he hecho: algo así como el restaurador de un cuadro, quitar o añadir color o brillo en pequeños toques para ofrecer una subjetividad nueva, un tono distinto. Una luz nueva, nada más. De todas las versiones que tienen a su disposición, yo espero que prefieran la mía, ésta de Tres Hermanas que tienen en sus manos. Perdonen mi atrevimiento.

(Esta nota abre la edición de Cumbres Borrascosas publicada recientemente por la editorial Tres Hermanas con ilustraciones de Fernando Vicente).

 

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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2 respuestas a Traducir Cumbres Borrascosas. Primera parte.

  1. José Antonio Bernal dijo:

    Yo la querré (re)leer, of course.

  2. Pingback: El silencio del traductor y el sonido del ilustrador: creando Cumbres Borrascosas | Sensibvs

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