Apuntes sobre Babel


Mañana, viernes 1 de julio, aparecerá en la revista mensual Tinta Libre un excelente reportaje firmado por Meritxell Álvarez Mongay, que ha investigado el quehacer del traductor literario en España con un enfoque transversal y profundo. Una iniciativa que hemos de agradecer en estos tiempos revueltos para la economía, la cultura, y en concreto, para la profesión. Desde la manera de abordar el texto hasta las tarifas, Meritxell repasa nuestra actividad y le pone nombre y rostro: el nombre que los que amamos la literatura queremos que se cite siempre, el rostro de escritores consagrados que traducen. Dejó poco en el tintero: una serie de apuntes que no aparecerán en Tinta Libre y a los que hoy hemos hecho un hueco en este blog.

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Una profesión de alto riesgo

El oficio de traductor es más peligroso de lo que parece:

John Wyclif (1320-1384) fue condenado por traducir la Biblia del latín al inglés, difundir ideas perniciosas y alentar revueltas; aunque la Iglesia católica se tuvo que conformar con quemar sus huesos, porque cuando le llegó la sentencia de herejía ya llevaba treinta años muerto.

Menos suerte corrió William Tyndale (1495-1536), que fue ahorcado y quemado en público por traducir el Nuevo Testamento desde las versiones originales en griego y hebreo. Los libros sacrílegos se imprimían en Alemania y entraban en Inglaterra de contrabando. Pero como los envíos que interceptaban iban directamente a la hoguera, hoy sólo quedan dos ejemplares de aquella primera edición, que el rey Enrique VIII autorizó poco después de muerto el traductor.

Étienne Dolet (1509-1546) también murió quemado en la pira junto a sus libros por traducir un pasaje del Axioco (diálogo pseudoplatónico donde se niega la inmortalidad del alma). Además, contaba con antecedentes por blasfemia, tenencia ilícita de libros y sedición.

No fueron tan severos con Fray Luis de León (1527-1591), que sólo pasó  cinco años en el calabozo de la Inquisición por su traducción al castellano del Cantar de los Cantares.

Más recientemente, Hitoshi Igarashi (1947-1991), el traductor de Salman Rushdie, fue asesinado por escribir en japonés Los versos satánicos, libro prohibido en varios países desde que el ayatolá Jomeini lanzó una fatwa fanática contra su autor. El traductor español, Eduardo Chamorro, firmó su versión de la novela con pseudónimo por motivos obvios.

¡Esto es Babel!

Así son algunas de las grandes obras de la literatura sin su traductor al español:

It is a truth universally acknowledged, that a single man in possession of a good fortune, must be in want of a wife. (Orgullo y prejuicio, de Jane Austen)

Longtemps, je me suis couché de bonne heure. (En busca del tiempo perdido, de Marcel Proust)

Als Gregor Samsa eines Morgens aus unruhigen Träumen erwachte, fand er sich in seinem Bett zu einem ungeheueren Ungeziefer verwandelt. (La metamorfosis, de Frank Kafka)

Stai per cominciare a leggere il nuovo romanzo Se una notte d’inverno un viaggiatore di Italo Calvino (Si una noche de invierno un viajero, de Italo Calvino)

O disco amarelo iluminou-se. Dois dos automóveis da frente aceleraram antes que o sinal vermelho aparecesse. (Ensayo sobre la ceguera, de José Saramago)

Все счастли́вые се́мьи похо́жи друг на дру́га, ка́ждая несчастли́вая семья́ несчастли́ва по-сво́ему. (Ana Karenina, de Lev Tolstói)

吾輩は猫である。名前はまだ無い。(Soy un gato, de Natsume Soseki)

Şimdi bir ölüyüm ben, bir ceset, bir kuyunun dibinde. (Me llamo rojo, de Orhan Pamuk)

Meritxell Álvarez Mongay es periodista cultural, colaboradora -entre otras publicaciones- de Tinta Libre y editora en el blog de viajes La línea del horizonte.

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Acerca de Amelia Pérez de Villar

Traductora por el Institute of Linguists of London, he publicado las traducciones La nave de Ishtar, de Abraham Merritt (Valdemar 1991), Sound Bites, de Alex Kapranos (451 Editores, 2007), La estrategia del colibrí, de Francesco Morace (Ed. Experimenta, 2008) Ensayistas y Profetas, de Harold Bloom (2010) Escribir ficción (2011) y Criticar ficción (2012) de Edith Wharton, y Novelistas de Henry James en 2012 (Páginas de Espuma). Debuto en septiembre de 2011 como autora de la edición (traducción, prólogo y notas) de las Crónicas literarias y Autorretrato de Gabriele d'Annunzio (Fórcola Ediciones). Como autora, he publicado relatos en diferentes antologías y revistas, algunos de ellos finalistas de concursos, como "Manuela" (Los nuestros son todos, Fundación Civilia, 2005), "Escena con fumador en blanco y negro" (Canal Literatura, 2007, ganador del Tercer Premio) o "Si yo tuviera el corazón", publicado en el último número de la revista Renacimiento. En febrero de 2012 he publicado el ensayo biográfico Dickens enamorado (Fórcola); y en mayo de 2016 mi primera novela, El pulso de la desmesura (Fórcola). He sido también redactora en prensa escrita y colaboradora en la publicación digital Notodo.com. Más información en mi página web: www.ameliaperezdevillar.com
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